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ARQUIDIÓCESIS

Síntesis histórica

  1. La Arquidiócesis de Norte y Sudamérica

Antes de la creación de una jurisdicción eclesiástica en el continente americano había numerosas comunidades de cristianos ortodoxos griegos. La primera comunidad ortodoxa griega en las Américas fue fundada en 1864 en Nueva Orleans, LA por una pequeña colonia de comerciantes griegos.

La historia también registra que el 26 de junio de 1768 los primeros colonos griegos llegaron a San Agustín, Florida, la ciudad más antigua de América. Hoy en día, el «Avero House», donde estos colonos ofrecían su culto a Dios ha sido completamente restaurado y alberga el Santuario Nacional de San Focio, dedicado a todos los antepasados ​​que llegaron a las costas norteamericanas como inmigrantes.

No fue sino hasta justo antes del cambio de siglo que la primera comunidad permanente fue fundada en la ciudad de Nueva York en 1892, que es la actual catedral arquidiocesana de la Santísima Trinidad y sede del entonces arzobispo de Norte y Sudamérica.

El establecimiento de la Ortodoxía helena en las Américas comenzó a finales del siglo XIX, coincidiendo con la aceleración de la inmigración desde Asia Menor y Grecia. Los pioneros de la Ortodoxía helena en las Américas continuó a un ritmo intensificado a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, y ya por 1930 el 50% de las comunidades de hoy y sus lugares de culto estaban fundados.

Las primeras parroquias ortodoxas griegas en las Américas estuvieron bajo la directa jurisdicción del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, que a largo de los siglos se hiciera cargo de las comunidades de la diáspora y les asignara sus sacerdotes. Sin embargo, en 1908, esta competencia propia del Patriarcado fue transferida temporalmente al Santo Sínodo de la Iglesia de Grecia por cuestiones de disfuncionalidad administrativa del mismo. Esta disposición se mantuvo hasta 1918, y durante este período las comunidades se quedaron sin la organización necesaria y sin un líder religioso responsable y autorizado que era necesitado con urgencia.

El Metropolitano de Atenas Meletios Metaxakis –luego Patriarca Ecuménico-, responsable provisorio de la administración de la jurisdicción americana, llegó a Norteamérica el 20 de octubre de 1918, y habiendo establecido el Consejo Sinodal promovió un pronto ajuste del patrón para la administración centralizada de la Iglesia. En efecto, este fue el primer paso hacia el establecimiento formal de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de América del Norte y del Sur, que se incorporó en 1921, y fue reconocida oficialmente por el Estado de Nueva York en 1922.

Cuando Meletios fue electo Patriarca Ecuménico en enero de 1922, uno de sus primeros decretos oficiales del 1 de marzo de ese año fue restaurar la natural dependencia eclesiástica de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega bajo el Patriarcado Ecuménico. Esto fue formalizado el 11 de Mayo de 1922, cuando el Patriarca Meletios declaró a la Iglesia de las Américas como Arquidiócesis del Patriarcado Ecuménico y nombró al Obispo Alejandro de Rodostolon, como el primer Arzobispo y Exarca patriarcal.

Lamentablemente, desde 1922 hasta 1930 turbulentos acontecimientos políticos en Grecia dividieron a los griegos principalmente en América del Norte, y la división también se manifestó eclesiásticamente. Afortunadamente, la necesidad de unidad y concordia religiosa fue rápidamente percibida tanto por los griegos, como por el nuevo Patriarca Ecuménico Fotios ll, sucesor de Meletios. Después de un estudio de la situación de la Arquidiócesis, el Patriarca ecuménico promovió la elección del Metropolitano de Corfú Atenágoras como Arzobispo de América del Norte y del Sur, el 30 de Agosto de 1930. El Arzobispo Atenágoras llegó a Nueva York el 24 de febrero de 1931 y comenzó una larga carrera que  lo catapultara al Trono Ecuménico el 1º de Noviembre de 1948.

En los 80 años de la vida de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Norte y Sudamérica hubo cuatro primados: el Arzobispo Alejandro (1922-1930); el Arzobispo Atenágoras (1931-1948); el Arzobispo Miguel (1948-1958) y el Arzobispo Iakovos (1959-1996).

El Arzobispo Atenágoras utilizó todas sus habilidades pastorales para lograr el restablecimiento de la paz a las comunidades así como su persuasión para traer armonía a las agrupaciones desunidas. Centralizó y organizó la administración de la Arquidiócesis, amplió el trabajo de los Congresos Cléricolaicos, estableció nuevas comunidades, fundó la Academia de San Basilio y la Escuela de Formación de Profesores en Garrison, Nueva York, fundó la Escuela de Teología de la Santa Cruz de Pomfret, Connecticut, y en noviembre de 1931 durante el IV Congreso Arquidiocesano de clérigos y laicos  estableció la sociedad de señoras “Filoptocos”, la organización oficial filantrópica de la Iglesia Ortodoxa Griega en las Américas.

El sucesor de Atenágoras, el Arzobispo Miguel, continuó los programas de su predecesor y condujo a la Iglesia en los albores de su expansión. Siendo  un brillante educador, académico y lingüista, fundó la juventud ortodoxa griega de América (Goya); promovió enérgicamente la campaña por el reconocimiento nacional de la Ortodoxía como culto mayor en los Estados Unidos; creó la oficina de información y relaciones públicas de la Arquidiócesis; propició la aceptación del Reglamento Uniforme y Reglamentos de la Arquidiócesis para todas las comunidades; la Arquidiócesis fue aceptada como miembro del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en los EE.UU; realizó innumerables visitas pastorales por toda la extensión de la Arqudiócesis desde Canadá hasta la Argentina.

El Arzobispo Iakovos, que fue entronizado el 1 de abril de 1959, marcó el comienzo de una nueva era para la Ortodoxía en las Américas como el primer arzobispo que fuera electo de las filas del clero de la Arquidiócesis. Decano de todos los líderes religiosos en los Estados Unidos cuando se retiró el 30 de julio de 1996, el arzobispo Iakovos contaba con 37 años de servicio que se distinguían por su liderazgo en la promoción de la unidad religiosa, la revitalización del culto cristiano ortodoxo y la defensa de los derechos humanos y civiles.

El arzobispo fue co-presidente del Consejo Mundial de Iglesias; estableció diálogos con católicos romanos, anglicanos, luteranos, bautistas del sur y líderes de la Iglesia Negra. En un exitoso esfuerzo para promover el acercamiento entre las varias

 jurisdicciones ortodoxas y mejorar las relaciones entre ellas y otras

 denominaciones, el Arzobispo fundó en 1960 la Conferencia Permanente de  Obispos Ortodoxos Canónicos en las Américas. Durante su gestión las organizaciones se ampliaron y se agregaron nuevos departamentos a la administración de la Arquidiócesis incluyendo los de Iglesia y Sociedad, Ministerio de Jóvenes, Comunicación y Liderazgo 100, un importante programa de donaciones de la Fundación Nacional de la Arquidiócesis. Guió a la reorganización de la Escuela de Teología de la Santa Cruz Santo en Brookline, MA y llevó a buen término Colegio Heleno en 1968.

El 30 de julio de 1996, tras el retiro del Arzobispo Iakovos, el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico creó tres nuevas metropolis, Toronto, Buenos Aires y México, cada uno con áreas específicas de la jurisdicción.

  1. La Iglesia Ortodoxa Griega en la Argentina

A mediados del siglo XIX una fuerte corriente inmigratoria trajo a Sudamérica y a la Argentina a los primeros ortodoxos griegos y eslavos, sobre todo marinos en su profesión, que fueron recibidos con cordialidad, encontrando bien pronto aplicación a sus especiales conocimientos en la navegación. Estos pineros del progreso argentino prestaron valiosos servicios a esta República cuando la marina nacional se hallaba aún en los comienzos de su organización y más de una vez derramaron su sangre junto con los nativos, en lucha contra los enemigos de su nueva patria[1].

Algunos años después de los griegos y de los eslavos comenzó la afluencia de sirios y libaneses, quienes en general se dedicaron en una primera instancia al comercio ambulante en modesta escala. Estos primeros inmigrantes ortodoxos que llegaron a Sudamérica y a la Argentina tuvieron la necesidad de satisfacer no solamente sus necesidades culturales étnicas, sino también su sed de fe, de espiritualidad y de religiosidad. Estos inmigrantes en esta primera etapa de su peregrinar por estos nuevos horizontes constituían una reducida comunidad ortodoxa sin representación eclesiástica alguna. Por aquella época en toda Sudamérica los medios para suplir las necesidades espirituales de los inmigrantes ortodoxos eran nulos, no había templo ortodoxo ni sacerdote para satisfacer sus necesidades litúrgicas, o para realizar los misterios de la Iglesia, por lo cual se veían obligados a recurrir a sacerdotes de otros cultos.

A fines del siglo XIX el director de la prefectura naval, Cap. Manuel Chatzidakis, con un grupo de inmigrantes de varias nacionalidades[2], visitaron la embajada rusa en Buenos Aires y solicitaron, según consta en la respectiva petición que por intermedio del Cónsul General de Rusia en Buenos Aires Don Pedro Christophersen llegó a su Majestad el Emperador Alejandro III, el envío de un sacerdote a fin de poder suplir las necesidades pastorales del rebaño ortodoxo en Buenos Aires. Los inmigrantes, por su parte, se comprometieron en colaborar en la mantención del sacerdote y en alquilar un salón para realizar los actos religiosos.

El Zar respondiendo al pedido de los inmigrantes ortodoxos el 14 de Junio de 1888 decretó la fundación de una Iglesia Ortodoxa en Buenos Aires. Los inmigrantes cumpliendo con su promesa alquilaron un salón ubicado en la intersección de las calles Carlos Calvo y Defensa de la ciudad de Buenos Aires, el cual acondicionaron como un templo provisorio. Por el mismo año fue enviado el primer sacerdote ortodoxo a Buenos Aires, el Rev. Padre Mikhail Petrovich Ivanoff, quien ofreció sus servicios por algunos meses, retornando luego a Rusia.

La insipiente parroquia ortodoxa quedó abandonada hasta que en el año 1891 fue enviado a Buenos Aires el Rev. Padre Constantino Izrastsoff, quien ante la situación encontrada colocó todos sus esfuerzos en conseguir fondos para poder construir un templo. De esta manera intentó comunicarse con la Corte Rusa a través de los Ministerios de Relaciones Exteriores y Hacienda exponiendo la situación y solicitando ayuda, no obteniendo lamentablemente respuesta alguna. Es por ello que todos los inmigrantes ortodoxos -griegos, sirios, libaneses, yugoeslavos, búlgaros y rumanos, y la media docena de rusos- decidieron aunar esfuerzos y cooperar mancomunadamente para lograr la erección del tan ansiado templo. Recién durante el año 1897 el Padre Constantino retorna a Rusia a fin de realizar las gestiones y pedir ayuda económica para poder completar los fondos para la erección del templo. De esta manera, y luego de un exitoso viaje del párroco, quien logró recaudar nuevos fondos para el fin propuesto, se colocó la piedra fundamental del templo el 18 de Diciembre de 1898, mientras que, casi tres años después, el 6 de Octubre de 1901 se realizaba la consagración del templo.

El Padre Constantino Izrastsoff sirvió fielmente a sus feligreses griegos hasta el año 1905, durante el cual llegó desde Grecia el Rev. Padre Damianós, primer sacerdote griego en estas tierras. Este sacerdote convenció a sus conciudadanos helenos de congregarse en un salón privado ubicado en la calle Almirante Brown que sirviera a los fines de realizar la divina liturgia y los sacramentos. El Padre Damianós fue sucedido en el año 1908 por el Rev. Ecónomo Iakovos Demetriades, quien hasta el año 1916 extendiera su tarea pastoral hacia los diferentes puertos del Río de la Plata como Berisso, Ensenada y La Plata, donde se habían afincado muchos colonos griegos. En el año 1916 se estableció en Berisso el Sacerdote Nicolás Kolettis, quien comenzó oficiando en un templo improvisado en la Unión de los Griegos de Berisso, y luego fundara el templo de los Santos Constantino y Helena de la misma localidad.

Durante el año 1903 y el ejercicio de las actividades pastorales del Padre Nicolás, el gobierno argentino le concedió a los inmigrantes griegos -por intercesión del empresario heleno Nicolás Karavías venido desde Rumania- un préstamos por $25000 a fin de llevar a cabo la construcción de un templo ortodoxo griego sobre la calle El Salvador del barrio de Palermo. Lamentablemente el funcionamiento de este templo fue diríamos fugaz, ya que el Estado argentino ejecutó la hipoteca por falta de pago por parte de los fieles griegos y la propiedad fue vendida en subasta pública.

Durante el año 1917 hasta el 1919 ofreció sus servicios a los fieles ortodoxos griegos de Buenos Aires el Sacerdote Nicolás Argitakis. Luego de un tiempo de servicio y tras las dificultades creadas en la comunidad y su dirigencia por su insistencia en la erección de un templo propio, se estableció en la ciudad de La Plata donde ejerció sus labores pastorales y sociales hasta su partida.

Durante el año 1923 fue enviado a Buenos Aires el Sacerdote Nicolás Mendrinós quien en 1927 fue sucedido por el Rev. Padre Filemón Blachopoulos. El Padre Blachopoulos no circunscribió su obra a los límites de la capital porteña sino que realizó una intensa obra misionera en el interior del país, en extensas giras durante las cuales visitaba las colonias de griegos y celebraba los sacramentos de la Iglesia de acuerdo a sus necesidades. En el año 1933 el Arzobispo Atenágoras –luego Patriarca Ecuménico- trasladó al susodicho clérigo a una parroquia de los EEUU, y seis meses después nombró como párroco al Sacerdote Constantino Georgiades, quien realizó sus labores en la comunidad de Buenos Aires por el término de casi un año. Desde entonces el Arzobispo Atenágoras envió sacerdotes itinerantes que suplieron las necesidades espirituales y pastorales de la comunidad de Buenos Aires.

Recién en el año 1937 el Arzobispo de Norte y Sudamérica pudo enviar un sacerdote estable, el Archimandrita Fotios Pantos, quien sirvió fielmente a la comunidad ortodoxa griega de Buenos Aires y del interior del país hasta que fuera reemplazado por el Archimandrita Iakovos Papavasilopoulos en el año 1950.

Es una realidad desde el punto de vista canónico que los inmigrados griegos en Sudamérica y la Argentina pertenecían directamente -espiritual y eclesiásticamente- al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Estos inmigrantes, como todos los demás, llegaron aquí y con el tiempo trajeron consigo a sus clérigos para satisfacer sus necesidades espirituales. Principalmente la lengua empleada por cada Iglesia en la liturgia y sus costumbres locales fueron el factor desencadenante para la conformación de este fenómeno de irregularidad canónica al cual nos hemos referido convenientemente en la correspondiente unidad. De esta manera, existiendo una comunión eucarística plena entre las Iglesias Ortodoxas, los inmigrantes no dudaron en utilizar los servicios de Iglesias hermanas cuando no les quedaba otra alternativa. Pero sin duda pusieron todo su empeño para contar con los servicios de la Iglesia de su lugar de origen.

A partir del año 1922, los griegos de estas regiones debían referirse naturalmente a las autoridades de la Arquidiócesis de Norte y Sudamérica que fuera formalmente creada en aquel año por edicto patriarcal del entonces Patriarca Meletios Metaxakis. La región de Sudamérica fue atendida inicialmente durante la administración del Arzobispo Atenágoras Spirou (1930-1948) –luego Patriarca Ecuménico-, quien manteniendo activa comunicación con el liderazgo de las diferentes comunidades de Sudamérica y trató, con todos los medios posibles en aquella época, de suplir las necesidades de éstos enviando sacerdotes para tal fin.

Conforme la organización de las colonias helenas en el territorio de la Arquidiócesis se fue diversificando y expandiendo, un sistema de organización eclesiástica más acorde a las circunstancias fue necesario. El Arzobispo, con sede en Nueva York, requirió al Patriarcado Ecuménico el nombramiento de obispos auxiliares que serían instalados como vicarios del Arzobispo en regiones con una considerable presencia de colonias griegas. Este proceso desembocó en una organización de la Arquidiócesis conforme a las nuevas realidades de las comunidades helenas que exigían una atención pastoral más efectiva. De esta manera la Arquidiócesis se organizó en periferias arquidiocesanas. Sudamérica fue establecida como la 10ª periferia.

En Marzo del año 1950 el Arzobispo Miguel, sucesor de Atenágoras, visitó la Argentina durante una visita pastoral que duró una semana. En esta visita el Arzobispo acordó con los líderes de las comunidades el establecimiento en Buenos Aires de un vicario arzobispal con rango de obispo con responsabilidad para todas las parroquias de Sudamérica. La promesa del Arzobispo se materializó en el año 1952 con el envío del Obispo Irineo de Ábydos, quien, con base en Buenos Aires, asistió a las comunidades de Sudamérica por el lapso de seis años, hasta el año 1958, durante el cual se retiró por motivos de salud.

Al Obispo Irineo lo sucedió el Obispo Timoteo de Rodostolon, quien sirvió a estas comunidades por el término de dos años. La administración del Obispo Timoteo (1959-1961) no fue sin sobresaltos, ya que tuvo que imponer la nueva Constitución de la Arquidiócesis que preveía que la propiedad de las parroquias y comunidades sean transferidas al “Property Trust” de la Arquidiócesis, y que las colectividades helénicas se convirtieran en entidades exclusivamente eclesiásticas. Esta nueva legislación provocó reacciones adversas entre los líderes comunitarios griegos que se negaron a la transferencia de los inmuebles y decidieron permanecer como entidades laicas e independientes.

Luego de la partida del Obispo de Rodostolon a Canadá, se sucedió un difícil periodo de cuatro años durante el cual el nuevo Arzobispo Iakovos  envió comisiones de control y nombró diferentes sacerdotes como vicarios arquidiocesanos para la región hasta el nombramiento de otro obispo. El periodo en cuestión se caracterizó por serias luchas intestinas y transformaciones comunitarias que derivaron de la imposición de la Constitución de la Arquidiócesis. En el año 1964 el Arzobispo nombró al Obispo Meletios de Aristea como vicario arzobispal para la periferia de Sudamérica. El Obispo Meletios (1964-1968) sirvió con celo a estas comunidades, con espíritu de pacificación y tratando siempre de mantener los equilibrios para apaciguar la situación creada. El prelado murió trágicamente en las Termas de Rio Hondo en el año 1968.

Luego de la muerte del Obispo Meletios se sucedió un segundo periodo durante el cual el Arzobispo Iakovos nombró a sacerdotes locales como vicarios provisorios hasta la designación del Obispo Iakovos de Catania (1970-1973) como su vicario Arquidiocesano en el año 1970. Al retiro del Obispo Iakovos lo sucedió quien fue el último obispo auxiliar del Arzobispo Iakovos que cumpliera el rol de vicario arquidiocesano de la 10ª periferia, el Obispo Timoteo de Pámfilos (1973-1978), quien administró la periferia hasta el año 1978.

En Marzo de 1977 el Arzobispo Iakovos comenzó una nueva reestructuración de la Arquidiócesis convirtiendo a las periferias en diócesis sufragáneas con un obispo diocesano a la cabeza. De esta manera la 10ª periferia de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Norte y Sudamérica se convirtió en el Obispado Ortodoxo Griego de Buenos Aires y Sudamérica, con sede en Buenos Aires. Primer obispo diocesano de la recientemente creada diócesis fue el Obispo Gennadios (1979-1996), quien asumió la administración en Diciembre del año 1979. La nueva forma de administración propuesta por el Arzobispo concedió a la gestión pastoral del obispo diocesano una novedosa apertura, en cuanto a la continuidad temporal en la gestión, a una mayor autonomía en la resolución de los asuntos administrativos de la jurisdicción, y a la posibilidad de una organización más eficiente y adecuada de la vida administrativa y pastoral de la región. El Obispo Gennadios asumió la responsabilidad de organizar la nueva diócesis desde su novísima forma administrativa con una nueva impronta pastoral adecuada a su nueva hipóstasis.

La obra del primer obispo diocesano fue multifacética y rica en perspectivas hacia el futuro. Teniendo como base la pastoral comunitaria, se concentró en el ámbito de la educación y la cultura helena, sin dejar de lado la noble tarea de la administración y legislación eclesiásticas vitales para esta nueva faceta de la vida de la Iglesia Ortodoxa en Sudamérica.

Mientras tanto la administración central del Patriarcado Ecuménico en el Fanar discutía intensamente la reorganización eclesiástica del continente americano. El proyecto había tenido su proceso de maduración de muchos años. Era necesario se revele el tiempo oportuno –καιρός. Éste se reveló durante el año 1996, durante el cual por sendos Tomos[3] patriarcales y sinodales se decretó la separación de la hasta entonces Arquidiócesis de Norte y Sudamérica en cuatro jurisdicciones autónomas e independientes, a saber:

  • Sacra Arquidiócesis de (Norte) América
  • Sacra Metrópoli de Toronto y Canadá
  • Sacra Metrópoli de Buenos Aires y Sudamérica
  • Sacra Metrópoli de Panamá, Centroamérica e Islas del Caribe

De esta manera el Sacro Obispado de Buenos Aires dependiente de la Sacra Arquidiócesis de Norte y Sudamérica se convirtió el 30 de Julio de 1996 en la Sacra Arquidiócesis de Buenos Aires y Exarcado de Sudamérica con sede en Buenos Aires. La decisión del Patriarcado tuvo como consecuencia directa la elección de cuatro nuevos jerarcas para cubrir las nuevas posiciones arriba mencionadas. Así, el día 24 de Septiembre de 1996 el Obispo Gennadios fue electo por el Sacrosanto Sínodo del Patriarcado Ecuménico como el primer Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires, Primado y Exarca de Sudamérica. El nuevo Metropolitano Gennadios siguió su obra administrativa, pastoral, educativa y pastoral ahora desde esta nuevo modelo administrativo que no solo representaba una novedad sino un desafío tanto para el clero como para la feligresía helena.

Si bien el nuevo modelo administrativo y jurisdiccional proporcionaba una independencia y autonomía total al Arzobispo en los temas referidos al gobierno de su jurisdicción y un contacto directo con la sede patriarcal, el desafío más grande se concentró en la metodología a tomar para lograr tener también la necesaria independencia económica y financiera para llevar a cabo las misión de la Arquidiócesis.

A finales del año 2000 el Arzobispo Gennadios presentó su renuncia voluntaria y libre al Patriarca Ecuménico por estrictas razones de salud. El Patriarca aceptó su renuncia en Mayo del año 2001 y procedió a la elección del Gran Archidiácono del Patriarcado Ecuménico Tarasios en la posición del desde entonces Emérito Arzobispo Gennadios.

El Arzobispo Tarasios fue entronizado el 14 de Julio de 2001 y desde entonces administró la susodicha ARQUIDIÓCESIS con un espíritu de apertura pastoral, continua reorganización y renovación administrativa, diálogo ecuménico, disciplina litúrgica, promoción del monaquismo ortodoxo, y proyección misionera.

De esta manera el Arzobispo Tarasios asumió la segunda fase histórica de esta nueva eparquía del Trono Ecuménico en el cono sur en una turbulenta época de profundos y violentos cambios políticos en Argentina en particular y Sudamérica en particular.

La tercera fase de la historia de esta Arquidiócesis se abre el 29 de Noviembre del año 2019 cuando el Arzobispo Tarasios es elevado por el Sacrosanto Sínodo del Patriarcado Ecuménico a la sede de Rodópolis y el Obispo Iosif de Pátara, hasta entonces auxiliar de la Arquidiócesis, lo sucede como tercer arzobispo metropolitano de Buenos Aires y Sudamérica.

[1]. Τάμη, Α., Οι Έλληνες της Λατινικής Αμερικής, Ελληνικά Γράμματα, Αθήνα 206. pag. 122: «Otros griegos registrados en la historia nacional de Argentina son Nicolás Jorge de Ydra, quien atracó en Argentina en 1811, y de contramaestre llegó a capitán participando en la lucha independentista. Miguel Samuel Spiro, oriundo quizás de Mitilini se sacrificó junto a otros siete compañeros haciendo volar el polvorín de su barco Carmen durante la batalla naval del Arroyo de la China, en la lucha libertadora (28 de Marzo de 1814).»

[2]. Τάμη, Α., Οι Έλληνες της Λατινικής Αμερικής,  Op. Cit., pag. 341. Esta solicitud fechada en Buenos Aires el 1 de octubre del año 1887 fue suscripta por los siguientes: Cap. Elías Litsas, A. Vistas, G. Pneumaticós, K. Calipolitis, K. Morfópoulos, F. Lourantos, J. Iosifides, G. Theodorou, P. Pouchalis, N. Lafoiannis, K. Georgiades, Milo Vucassovich, Capitán Juan Vucassovich, Nicolás Cernogorevich, Capitán Alejandro Vidovich, Jorge y Nicolás Bakmas, Capitán Marcos Vucassovich, Capitán Bozo Vucassovich, Capitán Spiro Radulovich, Milo Zlocovich, Spiro Yacsich y otros en representación de los eslavos.

[3]. Decreto de carácter patriarcal y sinodal que determina la creación de una institución de pleno derecho eclesiástico –arquidiócesis, diócesis, monasterios, stavropegios, etc.- bajo la directa jurisdicción del Patriarcado.

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