• En enero 30, 2024

Los Tres Santos Jerarcas: Basilio el Grande, Juan Crisóstomo y Gregorio el Teólogo

Breve historia

Durante el reinado del emperador Alexis Comneno (1081-1118), surgió una controversia en Constantinopla entre los sabios en la fe por la virtud de los tres santos Jerarcas y Padres de la Iglesia, Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo. Algunos argumentaron de San Basilio el Grande estaba por encima de los otros dos porque fue capaz, como ningún otro, de explicar los misterios de la fe, y alcanzó jerarquía angelical por sus virtudes. Organizador de la vida monástica, líder de toda la Iglesia en la lucha contra la herejía, pastor austero y exigente en cuanto a la moral cristiana, en él no había nada básico o terrenal. Por lo tanto, dijeron que fue superior a San Juan Crisóstomo, que por naturaleza tendía más fácilmente a absolver a los pecadores.
Los partidarios de San Juan Crisóstomo replicaron que el ilustre arzobispo de Constantinopla no había sido menos celoso que San Basilio en la lucha contra los vicios, para llevar a los pecadores al arrepentimiento y conduciendo a los fieles a la perfección del Evangelio. El pastor boca de oro de elocuencia incomparable, ha regado la Iglesia con una corriente de homilías en la que interpreta la palabra divina y muestra su aplicación en la vida diaria con mayor dominio que los otros dos santos Doctores.
Según un tercer grupo, San Gregorio el Teólogo era preferible a los demás a causa de la majestad, pureza y profundidad de su lenguaje. Poseedor de un dominio soberano de toda la sabiduría y la elocuencia de la antigua Grecia, que había alcanzado, dijeron, a tal punto en la contemplación de Dios que nadie fue capaz de expresar el dogma de la Santísima Trinidad con tanta perfección como él.
Con semejante pugna partidaria, pronto todo el pueblo cristiano quedó inmerso en la controversia, que, lejos de promover la devoción hacia los santos, sólo dio lugar a malos sentimientos e interminables argumentos. Entonces, una noche los tres santos Jerarcas se le aparecieron en sueños a San Juan Mauropo, el Metropolita de Eucaita (5 de octubre), por separado al principio y luego juntos y, hablando al unísono, dijeron: “Como puedes ver, nosotros tres estamos con Dios y no hay discordia o rivalidad que nos divida. Cada uno de nosotros, de acuerdo a las circunstancias y a la inspiración que recibió del Espíritu Santo, escribió y enseñó lo que corresponde para la salvación de la humanidad. No hay entre nosotros primero, segundo o tercero, y si uno invoca a los otros dos, estos se presentan de inmediato con él. Por lo tanto, diles a los que están peleando que no creen divisiones en la Iglesia por nuestra causa, porque cuando estábamos en la tierra no escatimamos esfuerzos para restablecer la unidad y la concordia en el mundo. Pueden unir nuestras tres conmemoraciones en una sola festividad y componer un oficio para ella, insertando los himnos dedicados a cada uno de nosotros según la habilidad y el conocimiento que Dios le haya dado. Transmítanla luego a los cristianos para que sea celebrada cada año. Si somos merecedores de estar con y en Dios, les damos nuestra palabra de que vamos a interceder por su salvación durante la oración comunitaria.” Luego de pronunciar estas palabras, los santos fueron llevados al cielo en una luz infinita, mientras conversaban entre sí por su nombre.
San Juan reunió inmediatamente a los fieles y les informó de esta revelación. Como era respetado por todos por su virtud y admirado por su gran elocuencia, las tres facciones se reconciliaron y sin perder el tiempo se dedicaron a la composición conjunta del oficio para la festividad. Con fino discernimiento, seleccionaron el 30 de enero como fecha apropiada para la celebración, ya que era el mes en el que cada uno de los tres Jerarcas ya tenía una conmemoración propia.
Los tres Jerarcas -una trinidad terrenal como se los llama en algunos de los maravillosos Troparios de su oficio, nos han enseñado mediante sus escritos y vidas, a adorar y glorificar a la Santísima Trinidad, único Dios en tres Personas. Estas tres luminarias de la Iglesia, han arrojado luz sobre la verdadera fe en todo el mundo, despreciando los peligros y persecuciones, y nos han dejado a nosotros, sus descendientes, esta herencia sagrada mediante la cual también nosotros podemos alcanzar la gran felicidad y la vida eterna en la presencia de Dios y de todos los santos.
Con la fiesta de los tres Jerarcas a fines de enero -el mes en el que conmemoramos a tantos gloriosos obispos confesores y ascetas- la Iglesia de alguna manera recapitula la conmemoración de todos los santos que han sido testigos de la fe ortodoxa por sus escritos y sus vidas. En esta fiesta se homenajea todo el ministerio de la enseñanza de la Santa Iglesia, la iluminación de los corazones y las mentes de los fieles mediante la palabra de verdad. Así que la fiesta de los tres Jerarcas, de hecho, es la conmemoración de todos los Padres de la Iglesia, los modelos de perfección evangélica, que el Espíritu Santo ha suscitado de una época a otra y de un lugar a otro para ser nuevos profetas y Apóstoles, guías de las almas hacia el cielo, confortadores de las personas, columnas de fuego de la oración, y apoyo de la Iglesia y su confirmación en la verdad.
Por las oraciones de Tus Tres Santos Jerarcas, Señor Jesucristo Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Apolitíkion – Modo 1
A los tres grandes astros de la Divinidad de Tres Soles, quienes iluminaron al mundo con los rayos de las doctrinas divinas; a los ríos de Sabiduría fluyentes de miel, que irrigaron a toda la Creación con las corrientes del conocimiento divino; a Basilio el Grande, a Gregorio el Teólogo y al Glorioso Juan Crisóstomo, que todos los amantes de sus palabras, ahora reunidos, los honremos con himnos, porque ellos interceden sin cesar ante la Trinidad por nosotros.

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