La Primacía de Honor del Patriarcado Ecuménico

The Patriarch of Constantinople Plan of the Patriarchal Church of St George in Phanar (Fener) – La Mottraye Aubry De – 172

EL PATRIARCADO ECUMENICO DE CONSTANTINOPLA

  1. Desde la precisión canónica –κανονική ἀκρίβεια

La primacía de la sede de Constantinopla dentro de la Iglesia Ortodoxa se basa en cánones de varios Concilios Ecuménicos, así como en su larga Tradición y práctica. La primacía de honor -πρεσβεία τιμῆς- se le concedió al obispo de Constantinopla por el canon 3º del II Concilio Ecuménico (381). De esta manera la “Nueva Roma” fue elevada al rango de preeminencia entre todos los obispos en el Oriente, una posición de honor que hasta entonces era ostentada por el obispo de Alejandría. La posición de honor concedida al obispo de Constantinopla trajo aparejada consigo una determinada autoridad. Esto se hace evidente por varias circunstancias que se refieren directamente a la mencionada autoridad: las apelaciones de otras iglesias al Patriarcado de Constantinopla en materias eclesiástico-legales, la institución del Sínodo Residente -ἐνδυμοῦσα σύνοδος-, como así también la potestad ejercida por varios Patriarcas de la talla de San Juan Crisóstomo que se involucraron con asuntos más allá de los límites territoriales de la Iglesia de Constantinopla como por ejemplo evangelizar a los Godos y los Escitas, entre otros, y la reforma de las diócesis independientes del Ponto, Asia y Tracia.

Desde todo punto de vista, es evidente que el primado honorífico reclamado por la sede de Constantinopla no sólo ha sido necesario, sino sustantivo en la historia de la Iglesia en general. Esto, por supuesto, no nos impide referir casos ocasionales de abuso y distorsión en el ejercicio de la referida primacía[1]. Estos abusos han sido observados y naturalmente condenados a través de la historia de la Iglesia, la cual evidentemente realiza todo lo necesario para prevenirlos y desterrarlos de su vida. Sin embargo, no se debe a causa de estos casos aislados dudar o aún disputar o desacreditar una institución que no sólo está más que justificada con autoridad primacial e históricamente, sino que también ha resistido con éxito y con coraje los intentos de muchos para debilitarla, vilipendiarla y por fin derogarla, hasta el día de hoy.

a.1. I Concilio Ecuménico

Los preludios de la legislación eclesiástica sobre una determinada posición de preeminencia otorgada a las sedes eclesiásticas se encuentran en el canon 6 del Primer Concilio Ecuménico (325). El texto del canon reza:

“Que prevalezcan las costumbres antiguas; es decir, aquellas en Egipto, Libia y Pentápolis, que dan el poder al obispo de Alejandría sobre todas estas áreas, puesto que lo mismo es aplicado al Obispo de Roma. De la misma manera, en Antioquía, y en las otras provincias, las primacías –τὰ πρεσβεῖα- deben ser preservadas en las Iglesias. Debe quedar bien claro: si alguien se hace obispo en contra de la voluntad del Metropolitano, el Gran Sínodo ha decidido que no debe ser obispo. Sin embargo, si dos o tres obispos por razones de conflictividad personal se oponen al voto común de todos, siempre y cuando sea justo y se siga la regla eclesiástica, que los votos de la mayoría prevalezcan.”[2]

A pesar de que este canon se ha entendido de varias maneras, su mención aquí está destinada a poner de relieve el principio comúnmente aceptado de la primacía regional de algunas iglesias locales como un hecho fáctico e histórico de naturaleza evidentemente canónica desde los albores mismos de la administración eclesiástica oriental. En concreto, el canon reconoce el elevado status de los obispos de Alejandría y Antioquía por encima de los otros obispos en determinadas zonas. Por otra parte, digno es de destacar, este status que se determina en el canon se basa en las «costumbres antiguas.»

Todavía no hay ninguna mención del obispo de Constantinopla, debido al hecho de que esta sede era todavía una pequeña ciudad intrascendente, destinada, sin embargo, a partir de entonces a convertirse en la capital imperial del Estado Romano-Bizantino. Con la conciliación de la Iglesia y el Estado, la primera adaptó su organización a la estructura administrativa de este último. Como resultado, los cánones del Concilio Ecuménico reflejan el principio según el cual la importancia secular de ciertas ciudades constituye una norma canónica necesaria para el ejercicio de una mayor autoridad regional[3]. Sin embargo, al mismo tiempo, se toma seriamente en cuenta lo que se conoce como «la antigua costumbre.» Muy a menudo la capital civil de una determinada provincia, a través de la cual el cristianismo fue introducido originalmente en la región, fue también considerada la iglesia madre o «metrópolis” -de ahí «metropolitano» para su obispo. En cualquier caso, el canon 6 reconoce la preeminencia y autoridad eclesiástica de las tres sedes que menciona por su nombre, Roma, Alejandría y Antioquía, estableciendo así un importante precedente canónico sobre la primacía regional en general.

a.2. II Concilio Ecuménico

El proceso de ordenamiento de las jurisdicciones a nivel canónico-legal que comenzara con el canon 6 del Primer Concilio Ecuménico, a saber, la determinación de la preeminencia de la autoridad de ciertos centros eclesiásticos importantes, fue promovido por los cánones 2 y 3 del Segundo Concilio Ecuménico (381). El Canon 2 de este Sínodo reza:

“Que los obispos no se entrometan en la administración de las Iglesias más allá de sus límites, ni confundan las iglesias, sino que tal como ordenan los cánones, al (obispo) de Alejandría solamente le corresponde administrar las cosas (eclesiásticas) de Egipto, a los obispos del Oriente, solo el Oriente administrar, salvaguardando las preeminencias tal como están determinadas en los cánones (del Concilio) de Nicea y fueron otorgados a la iglesia de los antioqueños, y a los obispos de la administración asiática, es decir de administrar las cosas solamente de Asia, a los del Ponto, solo las del Ponto, y a los de Tracia solo las de Tracia. Los obispos que no estén afectados a determinada administración que no procedan ni a ordenar ni a otras gestiones eclesiásticas. Salvaguardado el Cánon que determina las administraciones eclesiásticas, es necesario que la administración de cada eparquía o de cada sínodo de la eparquía se realice de acuerdo a lo determinado por (el Concilio de) Nicea. Las iglesias de Dios que se encuentren en tierra de bárbaros es necesario que sean administradas de acuerdo a la corriente usanza de los Padres.”[4]

Asimismo el Cánon 3 proclama:

“El obispo de Constantinopla tiene las prerrogativas de honor luego del obispo de Roma, puesto que aquella es la Nueva Roma”.[5]

El Canon 2 determina que los territorios eclesiásticos y los límites civiles debían coincidir, introduciendo así un nuevo orden en la jerarquía tanto para las esferas de competencia de cada Iglesia local, como para su organización dentro de la Iglesia universal. Por otra parte, se oponía a la actividad no canónica de los prelados en otras diócesis foráneas a su jurisdicción. El Canon 3, por su parte, privó al obispo de Alejandría de su anterior posición de primacía en el Oriente, ya que concedió al obispo de Constantinopla prerrogativas de honor después del obispo de Roma, en cuanto Constantinopla era la nueva Roma.

Es evidente -a partir de estos dos cánones por lo menos-, que los territorios «patriarcales» son mencionados ya en el siglo IV, aunque el término “patriarcal” aún no estuviera en uso. Asimismo, está claro que los cinco grandes centros eclesiásticos de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, más tarde conocidos como patriarcados, no existían entonces como lo fueron más tarde cuando fueron reconocidos por el IV Concilio Ecuménico.

El Canon 3, sobre todo, estableció el principio de un reconocimiento o de una determinada conciencia sobre las prerrogativas de honor inherentes a la sede -más tarde Patriarcado- de Constantinopla. Este reconocimiento se vio reforzado por los cánones 9 y 17 del IV Concilio Ecuménico y proclamado por el célebre canon 28 del mismo Concilio. Un primer análisis de su contenido nos asiste en el esclarecimiento de las causas que inspiran las prerrogativas de honor reclamadas por la sede de Constantinopla y su papel en el mundo de la Ortodoxía.

Primero y ante todo, el canon 3 por primera vez menciona a la Iglesia de Constantinopla ocupando una posición de preeminencia entre las otras Iglesias de Oriente. Es cierto, las dificultades para interpretar el significado del término preeminencia de honor -πρεσβεῖα τιμῆς- han llevado a los estudiosos a una variedad de conclusiones. Algunos afirman que sólo implica una simple prioridad de honor o precedencia, otros que ello conlleva un determinado orden constitucional, o jurisdicción esencial y poder autoritativo. Algunos estudiosos incluso apoyan la opinión de que el término se refiere al obispo de Constantinopla personalmente y no a su sede. Otros interpretan de nuevo este canon a la luz del canon 28 del IV Concilio Ecuménico[6]. En consecuencia, la “prerrogativa –o preeminencia- de honor” asociada a la sede de Constantinopla en este determinado contexto histórico simplemente debe ser entendida como la alineación jerárquica y honorífica de ésta luego de Roma y no por encima de ésta. Roma siguió ocupando el primer lugar de la jerarquía. Constantinopla ocupaba el segundo lugar en rango y honor. Sin embargo, este estado no afectaba su influencia y autoridad en el tratamiento de cuestiones eclesiásticas importantes.

En realidad, de manera práctica, este canon podría interpretarse en desmedro exclusivamente de Alejandría, y no de Roma. Este canon fue la primera etapa en la elevación canónica de Constantinopla y dio sentido a la situación creada por el estado secular de Constantinopla y fue consecuente con los cánones anteriores que identificaban jurisdicción civil con eclesiástica. De esta manera, el canon en cuestión no fue una innovación arbitraria, sinó el resultado del desarrollo histórico que abarca un período de cincuenta años.

Por otra parte, las preeminencias o prerrogativas no eran simplemente distinciones honoríficas de acuerdo al orden jerárquico. Implicaban un verdadero poder y autoridad en una relación proporcionada con los privilegios de otros obispos. Esto se confirma por el hecho de que el Primer Concilio Ecuménico aceptó la importancia capital del “ethos” –la antigua costumbre-, reconoció la “exousía” -poder o autoridad jurisdiccional- del obispo de Alejandría de Egipto, Libia y el Pentápolis, y tomó nota de la autoridad del obispo de Roma. Las prerrogativas son vistas aquí como exousía –autoridad jurisdiccional-, puesto que la autoridad de las decisiones del sínodo provincial se le fue otorgada al primer obispo, es decir al Metropolitano, cuya opinión era imperiosa y vinculante.

También es interesante observar las interpretaciones de los comentaristas bizantinos del siglo XII Zonarás y Balsamón sobre el canon 6 del I Concilio Ecuménico. Ellos subrayan la importancia esencial del Metropolitano, el peso de su opinión y su consentimiento indispensable en la administración de la Iglesia. Por último, el canon 3 deja claro que la prerrogativa de honor de Constantinopla representa autoridad genuina y constituyen privilegios de carácter general sobre la mitad oriental del Imperio. En este contexto, debe por lo tanto ser vista como un poder activo, práctico dentro de la Iglesia de Oriente, demostrado, entre otras cosas por la autoridad del obispo de Constantinopla ejercida para resolver cuestiones que se someten a él en apelación de disputas canónicas de otras jurisdicciones.

Un ejemplo histórico de esta prerrogativa fue el caso relacionado con la deposición de Bagadios, Metropolitano de Bostra, por los Obispos Cirilo y Paladios[7]. El caso fue llevado ante el Concilio de Constantinopla en 394. En lugar de juzgar el caso, el Concilio se limitó a reiterar el principio que los obispos no deben deponer a otro obispo. En cambio, deben esperar a la resolución del Sínodo de todos los obispos provinciales. Nectarios, el jerarca que presidía el sínodo, analizó el caso primeramente y luego se expidió, lo cual fue aceptado por los presentes. Éste, podemos afirmar, fue el primer paso en la aplicación práctica de las prerrogativas de Constantinopla, que consolidó el orden jerárquico, según se define en el canon 3 del II Concilio Ecuménico.

También tenemos a nuestra disposción el caso de Bosporios, obispo de Kolonia, el cual Gregorio el Teólogo refiere al juicio del Patriarca Nectarios. El objetivo de Gregorio era doble: prohibir el recurso a los tribunales civiles como medio para resolver los asuntos eclesiásticos, y para resolver disputas sobre las parroquias.

Asimismo, está el caso del diácono Gerontios, que había sido castigado por el obispo Ambrosio de Milán y hubiera buscado refugio en Constantinopla. Allí logró obtener el favor de la corte y ser consagrado Metropolitano de Nicomedia por Helladios de Cesarea de Capadocia. Molesto por esto, Ambrosio refirió su denuncia no Helladios sino a Nectarios. Por lo tanto, según parece, ya durante el gobierno de Nectarios, el obispo de Constantinopla, efectivamente, intervenía y ejercía el poder real sobre Capadocia y Bitinia, que eran provincias del Ponto. Además, el obispo de Constantinopla, a través de su rol cada vez más influyente en el Sínodo Residente, que reunía a obispos de otras iglesias locales residentes en la capital, se había convertido en árbitro y juez de toda la Iglesia de Oriente.

Por último, hay varios casos en los que San Juan Crisóstomo, en el rol de primer Obispo de Oriente y Presidente del Sínodo Residente, ejerce la prerrogativa de juez supremo tanto en Asia como en Bitinia. Como tal, depuso jerarcas considerados indignos y los sustituyó por sus candidatos propios, idóneos para tal misión. Por otra parte, al considerar y juzgar sobre casos de naturaleza canónica-legal fuera de su jurisdicción inmediata, cumplió de una manera real las prerrogativas establecidas por el canon 3 del Sínodo del año381. En el Patriarcado de Crisóstomo vemos real y prácticamente el ejercicio de las prerrogativas de Constantinopla y a su jurisdicción extiendose no solo a través de las diócesis del Ponto, Asia y Tracia, sinó más allá de las fronteras del Imperio Romano. De esta manera, se podría considerar al Crisóstomo como el precursor de la labor realizada por el IV Concilio Ecuménico en su célebre canon 28.

a.3. IV Concilio Ecuménico

Después de haber establecido la importancia del Canon 3 del II Concilio Ecuménico en el desarrollo y consolidación de la hipóstasis jurisdiccional de la sede de Constantinopla, naturalmente deberemos examinar los cánones 9, 17 y 28 del IV Concilio Ecuménico, a través de los cuales la institución de las prerrogativas de honor de la sede constantinopolitana -πρεσβεῖα τιμῆς-llegarán a la plena madurez canónica y legal. En esta breve presentación es necesario considerar a los cánones 9 y 17 conjuntamente, debido a su similitud.  El alcance y la significación del Canon 28 serán expuestas a continuación.

a.3.1. Los Cánones 9 y 17

La importancia de los cánones 9 y 17 se encuentra en el hecho de que reconocen en el obispo de Constantinopla la autoridad máxima que dirime  los desacuerdos canónico-legales entre los Obispos y Metropolitanos. Ambos se refieren a las controversias y posteriores apelaciones a la autoridad superior[8].

El Canon 9 reza lo siguiente:

“Si algún clérigo tiene algo contra otro clérigo, no abandone al Obispo propio y se dirija a los tribunales civiles, sino que primeramente someta el asunto al Obispo propio, o sea el asunto referido a cualquier otra persona que cada una de las partes, con el consentimiento del Obispo, seleccione. Y si cualquiera contraviene lo establecido, que sea sometido a penas canónicas. Si, pues, un clérigo tiene algo en contra su propio Obispo, o contra otro Obispo, que se someta y sea juzgado por el Sínodo de la jurisdicción. Y si un Obispo o clérigo tiene alguna diferencia con el Metropolita de su misma jurisdicción que apele al Exarca de la jurisdicción o al Trono de la ciudad reinante de Constantinopla y que allí se juzgue.”[9]

A su vez el Canon 17 determina:

“Las parroquias periféricas o rurales estarán, en todas las provincias sujetas a los propios obispos que tienen jurisdicción sobre ellas, sobre todo si los obispos las han gobernado en paz y de forma continua por espacio de treinta años. Pero si dentro de los treinta años se ha producido, o existe aún, alguna controversia relativa a ellas, es legal para los que se tienen por perjudicados llevar su causa ante el Sínodo de la jurisdicción. Y si alguno ha sido tratado injustamente por su Metropolitano, que el asunto sea decidido por el Exarca de la jurisdicción o por el trono de Constantinopla, como se ha dicho. Y si ninguna ciudad ha sido o será de aquí en adelante erigida por la autoridad imperial, que que el orden de las parroquias eclesiásticas siga el ejemplo político y municipal.”[10]

En ambos casos, los obispos y otros clérigos que tienen una disputa legal con su Metropolitano no están obligados por los Cánones a apelar inmediatamente a la sede de Constantinopla, refiriendo así la decisión al Exarca de la diócesis o provincia. Por el contrario, se les da esta opción sí y sólo sí así lo desean.

Es evidente que un proceso voluntario de apelación es reconocido debido a la antigüedad y potestad de la entonces bien establecida ciudad imperial. En este sentido, el comentarista bizantino Balsamón reconoce en el obispo de Constantinopla las mismas prerrogativas judiciales que el obispo de Roma. Equivalentemente, en el caso del obispo de Roma, entiende estas prerrogativas como autorizandolo a recibir los recursos de obispos ya examinados en sínodos provinciales y otros. Consecuentemente, estas mismas prerrogativas también se atribuyen al obispo de Constantinopla. Esto se comprende de manera preclara en la interpretación que Balsamón realiza del Canon 12 del Sínodo de Antioquía[11]: «El II Concilio Ecuménico y el IV concedieron al Patriarca de Constantinopla las prerrogativas del Papa, y determinaron que ambos deben ser honrados sobre todos los demás.[12]«

A partir de lo anteriormente expuesto, exponemos sinópticamente las siguientes  consideraciones respecto a los cánones 9 y 17:

Desde el punto de vista geopolítico e histórico:

  • El prestigio y autoridad del Obispo de Constantinopla que creció exponencialmente en el Oriente -a la medida de los que gozara el mismo obispo de Roma en Occidente- evidentemente se debieron a su posición y misión en la nueva capital del Imperio. Esto contribuyó significativamente a su avance en la preeminencia y autoridad eclesiástica respecto a sus colegas Patriarcas, incluso más allá de los límites de su jurisdicción inmediata.
  • El Sínodo Residente, institución única en la Iglesia Ortodoxa de la cual el Obispo de Constantinopla era el Presidente, contribuyó en gran medida a su proyección autoritativa respecto de los demás Patriarcas. Los otros miembros de este Sínodo eran obispos que residían ocasionalmente en la Capital para buscar favores o resolver problemas en el centro del poder político y eclesiástico. El Sínodo Residente era un medio para que los jerarcas de las jurisdicciones patriarcales pudieran lograr sus objetivos de manera más institucional y sistemática. El Sínodo Residente representa la última fase del desarrollo de la organización de la institución sinodal tal como se refleja en los cánones, empezando por el sínodo provincial.

Desde el punto de vista nomo-canónico:

  • Los Cánones 9 y 17 del IV Concilio Ecuménico otorgan el derecho a los Obispos y al clero en general con quejas o divergencias contra sus Metropolitanos locales de apelar su caso 1- a los Exarcas de la diócesis, aquí entendidos como los Obispos más tarde conocidos como Patriarcas, 2- o a la sede misma de Constantinopla.
  • Los Cánones 9 y 17 reconocen la facultad del Obispo de Constantinopla de considerar y decidir, luego de una respectiva apelación, sobre los casos controvertidos de todo tipo a nivel eclesiástico que ya hubieran sido examinados por otra sede.
  • La prerrogativa de autoridad judicial suprema hizo a la sede de Constantinopla el más alto tribunal eclesiástico en el Oriente, una prerrogativa similar a la concededida al obispo de Roma en Occidente por los cánones de Sárdica[13]. Esta prerrogativa evidentemente no debe ser considerada como una violación de los derechos de otra sede, ya que el obispo de Constantinopla sólo interviene a petición de los litigantes.

a.3.2. El Cánon 28

Los Cánones 9 y 17 deben ser considerados como el preludio del famoso Canon 28 el cual, a su vez, es su natural consecuencia. Es asimismo importante tener en cuenta que estos Cánones no introducen ninguna innovación en la administración de la Iglesia. Por el contrario, fortalecieron con autoridad canónica y legal una Tradición que había echado raíces en la Iglesia tiempo atrás. El Canon 28, por otra parte, perfeccionó legalmente el poder jurisdiccional del Obispo de la Capital Imperial y proporcionó la base canónica para una mayor autoridad de éste.

La importancia del canon 28 y su origen se relaciona estrechamente con la vocación de la Iglesia de Constantinopla de perseguir la actividad misionera dentro de las tierras más allá del Imperio Romano-Bizantino. El éxito de esta misión y su alcance son bien conocidos y han sido acentuados convenientemente en la sección histórica de esta presentación. Por otra parte es digno recalcar que por aquella época la propagación del Monofisismo trajo consigo la división del entonces mundo Cristiano, así como la ruptura de la cohesión espiritual del Imperio. De esta manera, fue considerado imprescindible consolidar la hipóstasis jerárquica, jurisdiccional y misionera de la Iglesia de Constantinopla de manera sistemática y jurídico-legal. El Canon 28 viene a ratificar y ampliar el alcance de sus predecesores en vistas de este nuevo panorama histórico. De esta manera se trata de la reacción de la Iglesia ante una realidad específica; el Canon, pues, puede interpretarse como la formulación de aquella dramática realidad en clave jurídico-eclesiástica.

El texto del Canon reza:

“Siguiendo en todo las decisiones de los Santos Padres, y reconociendo el Canon, que se acaba de leer[14] de los Ciento Cincuenta Obispos amadísimos por Dios que se reunieron en la ciudad imperial de Constantinopla, que es la Nueva Roma, en la época del emperador Teodosio, de feliz memoria, también decretamos y votamos las mismas cosas relativas a los privilegios de la Sacratísima Iglesia de Constantinopla, que es la Nueva Roma. Pues los Padres concedieron privilegios al trono de la antigua Roma, porque era la ciudad real. Y los ciento cincuenta Obispos amadísimos por Dios, movidos por la misma consideración, dieron los mismos privilegios al trono más sagrado de la Nueva Roma, justamente juzgando que la ciudad que se honra con la Soberanía y el Senado, y goza de los mismos privilegios de la antigua Roma imperial, debe en los asuntos eclesiásticos también ser magnificada como aquella, y tener el rango siguiente después de ésta. De manera que solo los metropolitanos del Ponto, de Asia, y de las Provincias de Tracia, al igual que los Obispos de las ante mencionadas provincias (que se encuentran) en las regiones bárbaras, deben ser ordenados por el antes mencionado Sacratísimo Trono de la Sacratísima Iglesia de Constantinopla; es decir, cada Metropolitano de las ante citadas provincias, junto con los obispos de su provincia, que ordene a sus propios obispos provinciales, como ha sido declarado por los divinos cánones; sean, no obstante, ordenados, como se ha dicho anteriormente, los Metropolitanos de las provincias antes mencionadas por el Arzobispo de Constantinopla, luego de las elecciones adecuadas que se hayan realizado de acuerdo con la costumbre y se hayan informado y referido a él.”[15]

El Canon como fácilmente se puede observar se divide en dos partes principales. La primera es una repetición y la ratificación del canon 3 del Concilio, del cual aún no había sido reconocida por toda la Iglesia su autoridad universal. Nos referimos a la reproducción legal-canónica del status eclesiástico de la Antigua Roma en aquella de la Nueva Roma.

I Sección

Canon 28 → Reproducción legal-canónica del Status Eclesiástico

Antigua Roma

↓↑

Nueva Roma

La segunda parte es una natural extensión de la primera a nivel jurisdiccional, en cuanto reconocimiento de la autoridad ejercida por el obispo de Constantinopla sobre las provincias de Tracia, Asia y el Ponto. De esta manera, esta segunda sección del Canon le concede al Trono de Constantinopla la prerrogativa exclusiva de consagrar sólo a los metropolitanos de estas provincias, pero no solamente: tambien le da potestad de ordenar  a los obispos de aquellas provincias que están sirviendo «entre los bárbaros» -ἐν τοῖς βαρβαρικοῖς. Más allá de de estas precisiones, esta segunda sección del Canon ordena que se mantenga la antigua tradición, es decir, que los Metropolitanos de las provincias junto con sus obispos sufragáneos ordenen a los nuevos obispos de la misma[16]. En efecto, el Sínodo Ecuménico reconoce al Trono Ecuménico de manera autoritativa y universal ejercitando una prerrogativa que ya había estado en la práctica desde hace mucho tiempo.

Tres observaciones referentes a la hipóstasis legal-jurídica del Trono Constantinopolitano y de su aplicación en la su inmediata y mediata esfera jurisdiccional pueden ser relevados desde este Canon:

  • El Status jurídico-legal de la sede de la Antigua Roma es el precedente y único modelo a reproducir en el desarrollo de este modelo oriental.
  • El Canon 3 del II Concilio Ecuménico es refrendado autoritativamente por el Canon 28 en cuanto refrenda, legaliza y legitima la operación que evidencia en el plano jurisdiccional propio pero ampliado la preeminencia de honor. Existe pues una correspondencia directa entre la preeminencia de honor ad intra a nivel jurisdiccional y ad extra a nivel jurídico.

En otros términos:

  • Los obispos de las ciudades más importantes dentro del Imperio –Metropolitanos- ostentan una posición de honor y ejercen una influencia jurisdiccional ampliada en sus obispos que operan en las tierras bárbaras; asimismo estos obispos –propios de estas jurisdicciones- son ordenados directamente por el Trono Ecuménico –tal como los Metropolitanos- como evidencia de la autoridad y potestad que tiene el Trono Ecuménico sobre todas las tierras que no están preestablecidas como parte de las jurisdiciones de los demás Patriarcados, – ἐν τοῖς βαρβαρικοῖς.

Los Padres del IV Concilio Ecuménico determinan el honor y la autoridad de la sede de Constantinopla. De esta manera el Canon 28 define su propio territorio, jurisdicción y poder, y necesariamente subordina a su administración y cuidado pastoral de tres grandes exarcados del imperio: Ponto, Asia y Tracia.

En resumen, hay que afirmar que, desde finales del siglo IV, el obispo de Constantinopla ha ejercido la autoridad que el canon 28 reconoce como su prerrogativa legítima y sin oposición en el Oriente Cristiano. Este hecho es significativo si se considera que las prerrogativas de los obispos de Alejandría y Antioquía se redujeron en gran medida durante el curso de los siglos V y VI. Las Iglesias de Oriente miraron a la Nueva Roma como en cuanto apoyo e inspiración en su lucha contra las herejías que surgieron con el correr de los tiempos. El estudio de las bases canónicas de la πρεσβεῖα τιμῆς de Constantinopla –preeminencia de honor- y de la aplicación práctica de sus privilegios resultantes es aún más instructivo. Se descarta la noción de innovación arbitraria en el desarrollo de la estructura eclesiástica, lo que refleja un orden natural en los asuntos eclesiásticos.

  1. Desde la práctica eclesiástica

La posición de la autoridad y el liderazgo de la Iglesia de Constantinopla dentro del  mundo eclesiástico ortodoxo están especialmente demostrados en la vida y la práctica de la Iglesia. En esta sección, hemos de mencionar algunos incidentes específicos en la práctica real de la preeminencia de honor -πρεσβεία τιμῆς- principalmente desde el IV Concilio Ecuménico hasta nuestros días como ejemplos de la ejecución de la misma. Los tres periodos históricos considerados son:

  • desde el IV Concilio Ecuménico hasta 1453
  • desde 1453 hasta el siglo XIX
  • desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Después de este recorrido histórico, interpretaremos las prerrogativas mantenidas por el Patriarcado de Constantinopla en su deseo de mantener el orden eclesiástico tradicional y vernáculo en el amor y en el servicio a la Ortodoxía mundial.

b.1. Desde el cuarto ecuménico hasta 1453

Después del IV Concilio Ecuménico, la posición privilegiada de la Iglesia de Constantinopla en el Oriente fue aceptada como un hecho por todos los cristianos, sobre todo en el Oriente. Al mismo tiempo, sus límites territoriales se extendieron, superando a los de las otras iglesias orientales en tamaño e importancia. Los remanentes ortodoxos de las iglesias armenias e ibéricas quedaron sujetos a la Iglesia de Constantinopla en el siglo VII, y como resultado directo de su actividad misionera subsiguiente, nuevas iglesias fueron fundadas en Serbia, Bulgaria, Rusia, y Valaquia.

Las controversias doctrinales de larga data contribuyeron a que los obispos de Constantinopla fueran considerados los jerarcas de mayor autoridad de toda la Iglesia oriental[17]. Esto se debió al hecho de que las luchas en la Capital contra el monofisismo se libraron con la colaboración del emperador y el patriarca.

Con el surgimiento del Islam en el siglo VII, la disminución de la influencia de las antaño florecientes sedes de Alejandría, Antioquía y Jerusalén se hizo evidente, aunque aún eran políticamente independientes. Cuando de nuevo se convirtieron en parte del Imperio bizantino por la reconquista y de ese modo se alinearon eclesiásticamente con la sede de Constantinopla, la preeminencia de ésta última era evidente.

Con la conquista persa de Antioquía en 611, los patriarcas de Antioquía residieron durante un tiempo en Constantinopla en el exilio y eran electos desde allí. Acontecimientos políticos posteriores determinaron la forma en que este arreglo se desarrollaría en el futuro. Sin embargo, los patriarcas de Antioquía continuaron, en su mayor parte, residiendo y siendo electos en Constantinopla hasta finales del siglo XIII. Una situación similar fue soportada por los patriarcas de Jerusalén cuando la ciudad fue ocupada por los árabes en el año 638, aunque no fueron expulsados ​​hasta mucho más tarde por los cruzados.[18]

La contribución de la iglesia de Constantinopla a la cristianización de los Rus es bien conocida. Hasta la caída de Constantinopla en 1453 los metropolitanos de Rusia, con pocas excepciones, fueron nominados por los patriarcas de Constantinopla. También hay muchos casos documentados de intervención de Constantinopla para resolver los asuntos canónicos sensibles no sólo de la iglesia de los Rus, sino de otras iglesias de Oriente también. Baste decir que a pesar de la gradual declinación del Imperio Romano-bizantino durante este periodo de tiempo, la sede de Constantinopla continuó ejerciendo una gran influencia en el Oriente, jugando un papel fundamental en la proyección del carácter ecuménico de la Ortodoxía. De hecho, la recomendación y la aprobación de Constantinopla con frecuencia eran buscadas por las otras iglesias orientales en materias eclesiásticas. Una vez asegurada y afrimada, la aprobación de la política eclesiástica de Constantinopla en cualquier materia eclesiástica –propia o de otra jurisdicción- por lo general determinaba la automática aceptación de todas las demás Iglesias en el Oriente cristiano. Sin embargo, es digno de destacar convenientemente que en la auto-conciencia de su rol dentro de la Ortodoxía mundial, la sede de Constantinopla nunca ha utilizado estos privilegios para someter a las demás iglesias sobre las cuales su influencia ha sido ejercida en tiempo y forma, y siempre de acuerdo a la vernácula Tradición de la Ortodoxía.

b.2. Desde 1453 hasta el siglo XIX

Con la caída de Constantinopla a manos de los otomanos en 1453, el patriarca fue reconocido tanto como líder religioso y cabeza simbólica o etnarca  para todos los cristianos ortodoxos dentro del imperio. Durante este período, el patriarcado de Constantinopla también mantuvo un cuidado constante sobre los asuntos -internos y externos- y sobre la vida de los otros tres patriarcados orientales, sin duda necesitados a causa de su gradual declive y debilitado estado general. Existen numerosos ejemplos de intervención por parte del Patriarcado Ecuménico en los asuntos de estos patriarcados y otras Iglesias autocéfalas, cuando era necesario[19].

En el ejercicio de la pastoral sobre la sede de Antioquía, el Patriarcado de Constantinopla actuó como árbitro en las controversias y polémicas deponiendo patriarcas y metropolitanos. Asimismo, y debido al papel singular del Patriarcado de Jerusalén como guardián de los lugares sagrados, recibió aún mayor apoyo moral y material por parte de Constantinopla. Durante doscientos años, los patriarcas de Jerusalén fueron electos en Constantinopla y, normalmente, residían allí.

En la Iglesia de Rusia, los Patriarcas Ecuménicos han intervenido directamente hasta la separación de la Metrópoli de Kiev de aquella de Moscú en 1461. A partir de entonces, los contactos de diverso alcance seguirían existiendo. Esto condujo, en última instancia, a la concesión de la condición de autocefalía a la Iglesia en Rusia y la ratificación, en 1593, de su elevación al rango de patriarcado.

Asimismo, a partir del siglo XVI, el Patriarcado Ecuménico también sirvió como mediador para dirimir cuestiones de derecho eclesiástico presentadas en la Iglesia de Chipre.

Durante el difícil período sumariamente aludido anteriormente, los conquistadores otomanos otorgaron a la sede de Constantinopla un grado de autoridad y privilegios raramente ejercidos en el ambiente eclesiástico hasta entonces. Esto ha llevado en ocasiones a algunos a atribuirse ambiciosos objetivos incompatibles con el gobierno de la Iglesia ortodoxa y la eclesiología[20]. El Patriarcado, por otra parte, nunca ha reclamado oficialmente el derecho de interferir arbitrariamente en los asuntos de otras iglesias locales. Por el contrario, su auto-conciencia del papel facilitador que ha asumido durante un tiempo de opresión, está en agudo contraste con las acusaciones de sus más acérrimos detractores y críticos.

b.3. Desde el siglo XIX hasta la actualidad

El ascenso del nacionalismo étnico obligó al Patriarcado a hacer frente a nuevos problemas, especialmente los relacionados con la tensión entre los territorios nacionales de reciente creación y la consiguiente ruptura de una estructura de la iglesia hasta entonces unificada. El reconocimiento de las iglesias de Grecia (1833), Rumania (1865), Bulgaria (1870) y Albania (1922-1928-1933) con el status de iglesias autocéfalas se puede atribuir en gran medida a la exacerbación de la mentalidad nacionalista-étnica propio de aquellos años. Sin embargo, a pesar de estas mareas de cambio, el Patriarcado tuvo éxito en la conciliación de los pueblos de diferente ascendencia y carácter dentro de un espíritu ecuménico cristiano. Esto no podría haber sucedido, sin embargo, sin una decidida confrontación por parte del Patriarcado Ecuménico contra el principio de división por raza.

Esto ocurrió con la condena del “etno-filetismo” por el Gran Sínodo celebrado en Constantinopla en el año 1872. Aunque oficialmente condenado, tristemente el nacionalismo flagrante en algunos sectores de la Ortodoxía actual, todavía persiste socavando el verdadero espíritu ecuménico de aquella. Peor aún, este flagelo ideológico amenaza la propia unidad de la Ortodoxía, especialmente en la llamada «diáspora» ortodoxa.

En nuestro siglo, es importante tener en cuenta variados eventos clave en la vida del Patriarcado Ecuménico que sin duda hacen mención al significativo rol de facilitación y coordinación que sigue desempeñando dentro de la Ortodoxía mundial. Este rol se ha cristalizado, a pesar de las críticas y las contínuas desaveniencias históricas, sobre todo en la actitud profética del Patriarca Atenágoras I, que, desde 1953, se comprometió a re-unir a la Ortodoxía. Este esfuerzo fue continuado con fidelidad por sus sucesores Dimitrios I y Bartolomé. La primacía de Constantinopla intentó redefinirse a través de las acciones y declaraciones de estos patriarcas.

En el período moderno de la Iglesia no faltan ejemplos que vislumbran la ejecución de la vernácula Tradición de la Iglesia respecto de la posición de la Iglesia de Constantinopla en el pleno de la comunión ortodoxa.

Los eventos históricos son insoslayables y numerosos. Consideramos justo comenzar nuestra breve descripción por los dos Patriarcados de Joaquín III, quien ante las diversas crisis en el mundo ortodoxo y cristiano en general[21] asumió el rol -activo y creativo- de sintonizador, coordinador y mediador para superarlas de la mejor manera en el campo ortodoxo, y patrocinar un diálogo de mutuo respeto entre las Iglesias, en el terreno inter-cristiano.

Asimismo debemos destacar el rol activo –aunque muchas veces controvertido- del Patriarca Meletios Metaxakis, quien convocara el Congreso Pan-Ortodoxo del año 1923 para discutir temas de entonces actualidad[22] y de esta manera tomar una posición en común de las Iglesias Ortodoxas.

No menos significativos serán los patriarcados de Focio II, Benjamín y Máximos V, durante los cuales se realizara desde el 8 al 23-6-1930 en el Fanar la Comisión Interortodoxa Preparativa de las Iglesias Ortodoxas, a fin preparar la agenda del futuro Pro-sinodo[23], se le concediera la autocefalía a la Iglesia Búlgara y comenzara el Patriarcado su liderazgo en la esfera del ecumenismo, siendo miembro fundador y participando en las primeras actividades del Consejo Mundial de Iglesias[24].

La proyección y auge de la actividad del Patriarcado Ecuménico como “primus inter pares” en la Ortodoxía se ha de cristalizar durante el patriarcado de Atenagoras. Siendo conciente de su rol en la diáspora ortodoxa, el Patriarca Atenagoras realizó una enorme expansión y proyección del mismo en Europa, donde fundó varias metrópolis (la Metrópoli de Tiátira con jurisdicción en toda Europa desde 1924 fue tomando variadas formas hasta que por fin en el año 1968 fue denominada Arzobispado de Tiátira y Gran Bretaña, con jurisdicción dobre ésta última. En el año 1963, de territorio de la Metrópoli de Tiátira, fueron fundadas las Metrópolis de Francia, Alemania y Austria, y en el año 1969, las de Suecia y Bélgica. El Exarcado Ruso de Europa Occidental fue dejado libre en el año 1965, regresando a la jurisdicción patriarcal en el año 1971. En el año 1955 se creó la posición del Representante Permanente del Patriarcado Ecuménico para el Consejo Mundial de Iglesias. La Arquidiócesis de Norte y Sudamérica fue colocada en la octava posición en el “Syntagmation” [25] del Patriarcado Ecuménico y su arzobispo nombrado exarca exclusivo del Patriarca con poderes plenipotenciarios sobre todos los temas de las jurisdicciones ortodoxas en las Américas y con el objetivo de promocionar sus relaciones en el vínculo del amor y del servicio. Asimismo la entonces Metrópoli de Australia fue promovida a arquidiócesis en el año 1959).

El Patriarca Atenagoras fue un incansable viajero promocionando la unidad de los ortodoxos en particular y de los cristianos en general (visitó en el año 1959 los tres Patriarcados Antiguos, Antioquía, Alejandría y Jerusalén. En el año 1963 visitó oficialmente Grecia y el Monte Athos. Durante el año 1964 se reunió en Jerusalén con el Papa Pablo VI. Asimismo durante el año 1967 visitó las Iglesias de Serbia, Rumania y Bulgaria, así como la Santa Iglesia Romana, la Iglesia de Inglaterra y el CMI en su sede de Ginebra.)

Distintivo de su patriarcado fue la promoción de la unión de las Iglesias Ortodoxas. Trabajó de manera intensa para convocar a convenciones pan-ortodoxas, las cuales tenían como objetivo conducir a la reunión del Santo y Grande Sínodo de la Iglesia Ortodoxa. De esta manera se realizaron las convenciones pan-ortodoxas I (1961), II (1963), III (1964) en la isla de Rodas, IIII en Chambesy de Ginebra (1968), la I comisión inter-ortodoxa preparatoria para el Santo y Grande Sínodo en el mismo lugar (1971), así también como diferentes comisiones teológicas pan-ortodoxas, sobre el diálogo con los anglicanos I en Belgrado (1966), II en Ginebra (1970), III en Helsinki (1971), con los antiguos católicos I en Belgrado (1966), II en Ginebra (1970), III en Bonn (1971), con las antiguas iglesias orientales en Addis Abebba (1971) y innumerables diálogos y consultas no oficiales en el marco de acción del CMI. Asimismo por aquella época el organismo internacional que reunía a los jóvenes ortodoxos “Syndesmos” comenzó su labor bajo los auspicios del Patriarca Atenágoras.

Un capítulo especial, que no nos compete en esta monografía, es la apertura del Patriarca Atenágoras hacia la Iglesia de Roma, ya desde el papado de Juan XXIII. Simplemente nos bastará mencionar como sello de esta actitud el mutuo levantamiento de los anatemas de ámbas Iglesias, acaecido simultáneamente en Roma y Constantinopla en el año 1965, así como las recíprocas visitas del Papa y del Patriarca a sus respectivas sedes durante el año 1967. Estos eventos fueron –sin lugar a duda- una gran novedad, pioneros de una nueva relacionabilidad en el cristianismo modero, y tuvieron un alto impacto en toda la Iglesia Ortodoxa. De hecho la Iglesia Ortodoxa en todas sus jurisdicciones asimila esta actitud pionera que sólo el Patriarca Ecuménico podría materializar y a partir de entonces comienza a relacionarse con este nuevo patrón con la Iglesia de Roma.

Asimismo ha de suceder en el plano inter-cristiano. El Patriarcado Ecuménico, como antes se mencionó, es miembro fundador del CMI y desde su primera asamblea en Amsterdan ha enviado numerosas y reconocidas delegaciones de teólogos a todas sus asambleas generales hasta la última en el año 2013 en Busán, Corea del Sud.

El sucesor del Patriarca Atenágoras, Demetrios I, fue fiel a la política de su predecesor y, aunque con otra personalidad, mansa, dulce y amorosa, supo llevar a cabo un programa patriarcal de extensa proyección tanto en el ámbito inter-ortodoxo, como así también el el inter-cristiano e interreligioso. Durante su patriarcado y por su iniciativa se ejecutaron las siguientes acciones:

  • I Conferencia Pan-ortodoxa Pre-sinodal, desde el 21 al 30 de Octubre de 1976.
  • II Conferencia Pan-ortodoxa Pre-sinodal, desde el 3 al 12 de Septiembre de 1982.
  • II Comisión Inter-ortodoxa Pre-sinodal, desde el 14 al 23 de Febrero de 1986.
  • III Comisión Inter-ortodoxa Pre-sinodal, desde el 28-10 al 6-11-1986 de 1986.

Una nueva y creativa política patriarcal inaugura el Patriarca Bartolomé, quien fiel a la tradición del Fanar, ha de utilizar cada medio a su disposición para proyectar la Ortodoxía a nivel mundial. Una síntesis de sus actividades avala, aunque de manera sombría, el alcance mundial de la personalidad del Patriarca Bartolomé y del lugar en la comunidad mundial en el que ha posicionado al Patriarcado Ecuménico como el Centro de la Ortodoxía:

  • I Sínaxis de los primados de los patriarcados ortodoxos e iglesias autocéfalas en el Fanar, Domingo de la Ortodoxía (1992)
  • I Sínodo Mayor y Superior en el Fanar –μείζων καὶ ὑπερτελή-, desde el 30 hasta el 31/7/1993, para tratar las acciones anticanónicas del Patriarca de Jerusalén Deodoro con cuatro jerarcas y dos de sus clérigos.
  • II Sínodo Mayor y Superior en el Fanar, el 14-12-93 para restituir a su posición al Patriarca Deodoro de Jerusalén.
  • III Sínodo Mayor y Superior en el Fanar, el 21-4-94, a fin de restituir a los dos jerarcas y los cuatro clérigos del Patriarcado de Jerusalén.
  • II Sínaxis de los primados de los patriarcados ortodoxos e iglesias autocéfalas en la Isla de Patmos.
  • IIII Sínodo Mayor y Superior en Sofia, Bulgaria, desde el 30-9 hasta el 1-10-98, a fin de solucionar las problemáticas causadas por el cisma de 1992 en la Iglesia de Bulgaria;
  • Sinaxis mundial de las juventudes Ortodoxas en Constantinopla, desde el 18 al 25 de Junio de 1998;
  • III Sínaxis de los primados de los patriarcados ortodoxos e iglesias autocéfalas en el Fanar, 24 al 27 de Diciembre de 1999.
  • IIII Sínaxis de los primados de los patriarcados ortodoxos e iglesias autocéfalas en Jerusalén, 5 y 6 de Enero de 2000.
  • Consagración del Santo Crisma (1992, 2002, 2012);
  • Conferencia sobre la Paz y la Tolerancia, Estambul (1994) (La Declaración Bósforo);
  • Reunión de Jerarcas del Trono Ecuménico –Synaxis- (Fanar, 1992, 1994, 1996, 1998, 2000, 2002, 2004, 2015);
  • Presidencia de las celebraciones en la isla de Patmos, Grecia, por el 1900 aniversario de la redacción del Apocalipsis de San Juan; II asamblea de los primados de las Iglesias Ortodoxas; simposio en el mar sobre el tema de la reunión científica sobre el libro sagrado del Apocalipsis (1995);
  • Cinco seminarios internacionales sobre medio ambiente de la isla de Heybeliada (Halki), «Educación para el Medio Ambiente y religiosa» (1994), «El medio ambiente y la ética» (1995), «Medio Ambiente y Comunicación» (1996), «Medio Ambiente y Justicia» (1997), «El medio ambiente y la pobreza» (1998); «Simposio II – El Mar Negro en crisis» (1997), tratando de discernir la acción apropiada para la preservación de la región del Mar Negro; «El Instituto Eco-lógico de Halki» (1999), “Una oportunidad de aprendizaje interdisciplinario para científicos, clérigos, periodistas, educadores y estudiantes; Simposio III – «Un río de vida» (1999), poniendo de relieve los graves problemas ambientales que enfrenta la mayor vía fluvial de Europa. Este tercer Simposio flotante viajó por el Danubio desde las cabeceras del río hasta el Delta y el Mar Negro.
  • Conferencia científica, Estambul, (2000);
  • Conferencia Mayor de clérigos y laicos, Estambul (2000);
  • Reunión entre religiones – «La paz de Dios en el mundo«, Bruselas (2001), convocada y organizada por el Patriarca;
  • IV Simposio Internacional sobre la religión, la ciencia y el medio ambiente: «El mar Adriático: Un mar en riesgo, una unidad de propósito» (junio de 2002) y V Simposio sobre la misma temática: «El Mar Báltico: un patrimonio común, una responsabilidad compartida» (junio de 2003).
  • I y II sacrosanto sínodo residente extendido –endemousa– en el Fanar desde el 30 de Abril al 4 de Junio, a fin de debatir sobre los derechos canónicos del Patriarcado Ecuménico en Grecia.
  • Sacrosanto sínodo Pan-ortodoxo en el Fanar, el 24 de Mayo del 2005, a fin de tratar las penosas problemáticas en el seno del Patriarcado de Jerusalén y destituir al Patriarca de Jerusalén Irineo.
  • Sacrosanto Sínodo Extendido Pan-ortodoxo en la sede del Centro Ortodoxo de Chambesy, Ginebra, el 17 de Marzo de 2006, a fin de examinar la situación del Arzobispo de Chipre Crisóstomo y declarar la sede vacante del trono.
  • IIII Conferencia Pan-ortodoxa Pre-sinodal en el Centro Ortodoxo de Chambesy, Ginebra, desde el 6 al 12 de Junio de 2009 para tratar el tema de la diáspora ortodoxa.
  • Santo y Gran Sínodo de la Iglesia Ortodoxa en la Isla de Creta, desde el 19 al 27-6-16.

La Primacía de Honor del Patriarca de Constantinopla no es un ardid canónico, ni una caricatura administrativa, ni una realidad ficticia o mítica, ni menos una degeneración de la eclesiología primigenia de la Ortodoxía, como muchos podrían aseveran hoy[26]. Este status se traduce en ciertas prerrogativas canónicas que emanan de aquella “primacía en el amor y el servicio entre las Iglesias Ortodoxas” que hemos descripto a nivel histórico y que enumeramos sintéticamente de la siguiente manera:

  • Examinar las apelaciones presentadas al Patriarca Ecuménico por todo el clero bajo su mando o por el clero de todas las otras iglesias ortodoxas.
  • Enviar correspondencia a todas las jurisdicciones ortodoxas sobre materias de carácter inter-ortodoxo, inter-cristiano, o de naturaleza secular que atañen a la Iglesia Ortodoxa como cuerpo único.
  • Convocar el Sínodo Pan-ortodoxo, Sínodos Mayores y Superiores, y Conferencias Pan-ortodoxas.
  • Conferir el status de autonomía, semi-autonomía, autocefalía, como así también el estado patriarcal a jurisdicciones que están hasta ese momento bajo su jurisdicción[27].
  • Resolver y dirimir cuestiones de relevancia en relación con una o más iglesias ortodoxas en los dominios de la fe, la vida moral, la ley eclesiástica, el orden de la iglesia, etc., ya sea directamente desde el Fanar –la Sede Patriarcal- o enviando exarcas patriarcales.
  • Elegir y nombrar de forma permanente jerarcas del Trono Ecuménico en las tierras fuera de Turquía como Exarcas del Patriarcado Ecuménico.
  • Bendecir el Santo Myron –Santo Crisma- y distribuirlo a todas las Iglesias ortodoxas hermanas, como muestra y prueba de los lazos espirituales existentes entre todas las Iglesias Ortodoxas.
  • Canonizar a personas de probada santidad que hayan vivido no sólo dentro de los límites del Patriarcado Ecuménico, sino fuera de éste también, luego de la correspondiente presentación que realicen las demás Iglesias.
  • Tener primacía en las concelebraciones litúrgicas con otros prelados ortodoxos.
  • Poner bajo su jurisdicción directa, y establecer monasterios patriarcales –stavropegia– dentro de sus arquidiócesis, metrópolis y diócesis y, en ciertos casos, también dentro de los límites de otras iglesias ortodoxas, como resultado de una decisión conjunta entre las Iglesias.

La primacía del Patriarcado Ecuménico no es un mero honor superficial y vacío, sino que se cristaliza en la ejecución de determinadas acciones –propias de esta condición- en pos de la mejor sintonización y coordinación de las Iglesias Ortodoxas.

De ninguna manera se debe caer en la tentación de hacer una analogía con el papado occidental considerándo la primacía del Patriarcado Ecuménico como una especie de “papado ortodoxo”, nada más lejano de la realidad. De acuerdo a Olivier Clement, la condición misma del Patriarcado de Constantinopla –su debilidad a nivel político-temporal, su carencia material y su escaso rebaño[28]–  aseguran su imparcialidad y, paradójicamente, aumenta su prestigio[29], puesto que la primacía no se basa en otro criterio que no sea el de la Tradición y costrumbre canónica de la Iglesia. El Patriarca Ecuménico no pretende ser un «obispo universal«: esto contrariaría la teología misma de la Iglesia Ortodoxa, cayendo de plano en la herejía; afirma sin infalibilidad dogmática ni jurídica, y no ostenta ninguna jurisdicción inmediata sobre todos los fieles ortodoxos. Y claro está no tiene ningún poder temporal.

Concluyendo esta sección que ha sido iluminada convenientemente con hechos históricos insoslayables que avalan la Tradición y la práctica de la Iglesia Ortodoxa contra los detractores de la misma, debemos subrayar una vez más que la primacía del Patriarca Ecuménico en sí misma no es interpretada como una potestad ni teórica, ni temporal, sino como un servicio que ofrece como sacrificio, imitando a Aquel que vino a servir y no ser servido. La primacía obliga al Patriarca y a todos los engranajes de la administración patriarcal a estar bien dispuestos, en una colegialidad fraterna, y ponerse a disposición las Iglesias hermanas, a fin de lograr la unidad, para que de esta manera se haga realidad la misión de la Ortodoxía.

Evidentemente las teorías de los detractores de esta realidad ineluctable de la Iglesia Ortodoxa caen sin más, puesto que la misma Tradición indica que la iniciativa de servicio, la coordinación y la presidencia del Patriarcado Ecuménico, siempre se ejercen con el acuerdo de las Iglesias hermanas. Por otra parte, dos presupuestos básicos garantizan que esta instancia no se desnaturalice y funcione de acuerdo a la Tradición de la Iglesia:

  • salvaguardar el principio de unidad y universalidad de la Iglesia
  • proteger el principio de no intervención en los asuntos internos de otras Iglesias

La primacía, interpretada como abnegación siempre creativa en la renovación, recae siempre dentro de las estructuras y mecanismos naturales de la Iglesia;  esta instancia es esencial para garantizar la unidad y la universalidad de la Ortodoxía. De esta manera, conecta a las Iglesias hermanas, las une en el trabajo y testimonio común, pone en marcha su co-rresponsabilidad. Desde la desaparición del imperio, el Patriarcado Ecuménico asume el papel de la Iglesia «convoquante». Luego de la consulta y acuerdo de las Iglesias hermanas de que puede ser su portavoz, es un recurso necesario para las comunidades en situación única

[1]. Se pueden citar aquí el patriarcado de Filoteo Kokkinos en el siglo XIV, que entendía su «primacía de honor» en términos de autoridad universal. También se puede hacer mención a las intervenciones arbitrarias en los asuntos de otras iglesias locales, especialmente durante la época otomana cuando tales intervenciones fueron en parte condicionadas por las circunstancias históricas.

[2]. Πηδάλιον, Op. Cit., pag. 129: «Τὰ ἀρχαῖα ἔθη κρατείτω, τὰ ἐν Αἰγύπτῳ, καὶ Λιβύῃ καὶ Πενταπόλει, ὥστε τὸν ἐν Ἀλεξανδρείᾳ ἐπίσκοπον πάντων τούτων ἔχειν τὴν ἐξουσίαν· ἐπειδὴ καὶ τῷ ἐν Ῥώμῃ ἐπισκόπῳ τοῦτο σύνηθές ἐστιν. Ὁμοίως δὲ καὶ κατὰ τὴν Ἀντιόχειαν, καὶ ἐν ταῖς ἄλλαις ἐπαρχίαις, τὰ πρεσβεῖα σῴζεσθαι ταῖς ἐκκλησίαις. Καθόλου δὲ πρόδηλον ἐκεῖνο· ὅτι, εἴ τις χωρὶς γνώμης τοῦ μητροπολίτου γένοιτο ἐπίσκοπος, τὸν τοιοῦτον ἡ μεγάλη σύνοδος ὥρισε μὴ δεῖν εἶναι ἐπίσκοπον. Ἐὰν μέντοι τῇ κοινῇ πάντων ψήφῳ, εὐλόγῳ οὔσῃ, καὶ κατὰ κανόνα ἐκκλησιαστικόν, δύο, ἢ τρεῖς δι᾿ οἰκείαν φιλονεικίαν ἀντιλέγωσι, κρατείτω ἡ τῶν πλειόνων ψῆφος.» Μητροπολίτου Σάρδεων Μαξίμου, Τὸ Οἰκουμενικόν Πατριαρχεῖον ἐν ταῇ Ὀρθοδόξῳ Ἐκκλησίᾳ, Ἀνάλεκτα Βλατάδων 52, Θεσσαλονίκη 1969, pag. 64.

[3]. Πηδάλιον, Op. Cit., Κανών ΙΖ΄ τῆς ΔΟίκουμενικῆς Συνόδου, pag. 199: «Τὰς καθ᾿ ἑκάστην ἐπαρχίαν ἀγροικικὰς παροικίας, ἢ ἐγχωρίους, μένειν ἀπαρασαλεύτους παρὰ τοῖς κατέχουσιν αὐτὰς ἐπισκόποις, καὶ μάλιστα εἰ τριακονταετῆ χρόνον ταύτας ἀβιάστως διακατέχοντες ᾠκονόμησαν. Εἰ δὲ ἐντὸς τῶν τριάκοντα ἐτῶν γεγένηταί τις, ἢ γένοιτο περὶ αὐτῶν ἀμφισβήτησις, ἐξεῖναι τοῖς λέγουσιν ἠδικεῖσθαι, περὶ τούτων κινεῖν παρὰ τῇ συνόδῳ τῆς ἐπαρχίας. Εἰ δέ τις ἀδικοῖτο παρὰ τοῦ ἰδίου μητροπολίτου, παρὰ τῷ ἐξάρχῳ τῆς διοικήσεως, ἢ τῷ Κωνσταντινουπόλεως θρόνῳ δικαζέσθω, καθά προείρηται. Εἰ δὲ καί τις ἐκ βασιλικῆς ἐξουσίας ἐκαινίσθη πόλις, ἢ αὖθις καινισθείη, τοῖς πολιτικοῖς καὶ δημοσίοις τύποις, καὶ τῶν ἐκκλησιαστικῶν παροικιῶν ἡ τάξις ἀκολουθείτω.» Κανών τῆς ΣτΟἰκουμενικῆς Συνόδου, Pag. 253: «Τὸν ἐκ τῶν Πατέρων ἡμῶν τεθέντα κανόνα καὶ ἡμεῖς παραφυλάττομεν, τὸν οὕτω διαγορεύοντα· Εἴ τις ἐκ βασιλικῆς ἐξουσίας ἐκαινίσθη πόλις, ἢ αὖθις καινισθείη, τοῖς πολιτικοῖς καὶ δημοσίοις τύποις καὶ ἡ τῶν ἐκκλησιαστικῶν πραγμάτων τάξις ἀκολουθείτω.»

[4]. Πηδάλιον, Op. Cit. Κανών Β΄, pag. 156: «Τοὺς ὑπὲρ διοίκησιν ἐπισκόπους ταῖς ὑπερορίοις ἐκκλησίαις μὴ ἐπιέναι, μηδὲ συγχέειν τὰς ἐκκλησίας· ἀλλὰ κατὰ τοὺς κανόνας, τὸν μὲν Ἀλεξανδρείας ἐπίσκοπον, τὰ ἐν Αἰγύπτῳ μόνον οἰκονομεῖν· τοὺς δὲ τῆς Ἀνατολῆς ἐπισκόπους, τὴν Ἀνατολὴν μόνην διοικεῖν· φυλαττομένων τῶν ἐν τοῖς κανόσι τοῖς κατὰ Νίκαιαν πρεσβείων τῇ Ἀντιοχέων ἐκκλησίᾳ· καὶ τοὺς τῆς Ἀσιανῆς διοικήσεως ἐπισκόπους, τὰ κατὰ τὴν Ἀσιανὴν μόνον διοικεῖν· καὶ τοὺς τῆς Ποντικῆς, τὰ τῆς Ποντικῆς μόνον· καὶ τοὺς τῆς Θρᾴκης τὰ τῆς Θρᾳκικῆς μόνον οἰκονομεῖν. Ἀκλήτους δὲ ἐπισκόπους ὑπὲρ διοίκησιν μὴ ἐπιβαίνειν ἐπὶ χειροτονίᾳ, ἤ τισιν ἄλλαις οἰκονομίαις ἐκκλησιαστικαῖς. Φυλαττομένου δὲ τοῦ προγεγραμμένου περὶ τῶν διοικήσεων κανόνος, εὔδηλον ὡς τὰ καθ’ ἑκάστην ἐπαρχίαν ἡ τῆς ἐπαρχίας σύνοδος διοικήσει, κατὰ τὰ ἐν Νικαίᾳ ὡρισμένα. Τὰς δὲ ἐν τοῖς βαρβαρικοῖς ἔθνεσι τοῦ Θεοῦ ἐκκλησίας, οἰκονομεῖσθαι χρὴ κατὰ τὴν κρατήσασαν συνήθειαν τῶν Πατέρων.»

[5]. Πηδάλιον, Op. Cit. Κανὼν Γ’, pag. 157: «Τὸν μέν τοι Κωνσταντινουπόλεως ἐπίσκοπον ἔχειν τὰ πρεσβεῖα τῆς τιμῆς μετὰ τὸν τῆς Ῥώμης ἐπίσκοπον, διὰ τὸ εἶναι αὐτὴν νέαν Ῥώμην.»

[6]. Μητροπολίτου Σάρδεων Μαξίμου, Τὸ Οἰκουμενικόν Πατριαρχεῖον ἐντῇ Ὀρθοδόξῳ Ἐκκλησίᾳ, Op. Cit., pag. 108-116.

[7]. Μητροπολίτου Σάρδεων Μαξίμου, Τὸ Οἰκουμενικόν Πατριαρχεῖον ἐντῇ Ὀρθοδόξῳ Ἐκκλησίᾳ, Op. Cit., pag. 116-121.

[8]. Meyendorff, J., Contemporary Problems of Orthodox Canon Law, Living Tradition: Orthodox Witness in the Contemporary World, Crestwood, 1978, pag. 111: «The actual rights of the patriarch of Constantinople are the normal consequence and expression of his being the ‘first’ among Orthodox bishops: chairmanship at Pan-Orthodox meetings and a certain responsibility (although not a monopoly) for initiating common action. In addition, canons 9 and 17 of the Fourth Ecumenical Council of Chalcedon grant him the right to receive appeals against the judgment of local provincial synods.»

[9]. Πηδάλιον, Op. Cit. Pag. 191: Εἴ τις κληρικὸς πρὸς κληρικὸν πρᾶγμα ἔχει, μὴ ἐγκαταλιμπανέτω τὸν οἰκεῖον ἐπίσκοπον, καὶ ἐπὶ κοσμικὰ δικαστήρια μὴ κατατρεχέτω, ἀλλὰ πρότερον τὴν ὑπόθεσιν γυμναζέτω παρὰ τῷ ἰδίῳ ἐπισκόπῳ, ἢ γοῦν, γνώμῃ αὐτοῦ τοῦ ἐπισκόπου, παρ᾿ οἷς ἂν ἀμφότερα τὰ μέρη βούλωνται, τὰ τῆς δίκης συγκροτείσθω· εἰ δέ τις παρὰ ταῦτα ποιήσοι, κανονικοῖς ἐπιτιμίοις ὑποκείσθω. Εἰ δὲ κληρικὸς πρᾶγμα ἔχει πρὸς τὸν ἴδιον, ἢ καὶ πρὸς ἕτερον ἐπίσκοπον, παρὰ τῇ συνόδῳ τῆς ἐπαρχίας δικαζέσθω. Εἰ δὲ πρὸς τὸν τῆς αὐτῆς ἐπαρχίας μητροπολίτην, ἐπίσκοπος, ἢ κληρικὸς ἀμφισβητοίη, καταλαμβανέτω τὸν ἔξαρχον τῆς διοικήσεως, ἢ τὸν τῆς βασιλευούσης Κωνσταντινουπόλεως θρόνον, καὶ ἐπ᾿ αὐτῷ δικαζέσθω.

[10]. Πηδάλιον, Op. Cit. Pag. 199: “Τὰς καθ᾿ ἑκάστην ἐπαρχίαν ἀγροικικὰς παροικίας, ἢ ἐγχωρίους, μένειν ἀπαρασαλεύτους παρὰ τοῖς κατέχουσιν αὐτὰς ἐπισκόποις, καὶ μάλιστα εἰ τριακονταετῆ χρόνον ταύτας ἀβιάστως διακατέχοντες ᾠκονόμησαν. Εἰ δὲ ἐντὸς τῶν τριάκοντα ἐτῶν γεγένηταί τις, ἢ γένοιτο περὶ αὐτῶν ἀμφισβήτησις, ἐξεῖναι τοῖς λέγουσιν ἠδικεῖσθαι, περὶ τούτων κινεῖν παρὰ τῇ συνόδῳ τῆς ἐπαρχίας. Εἰ δέ τις ἀδικοῖτο παρὰ τοῦ ἰδίου μητροπολίτου, παρὰ τῷ ἐξάρχῳ τῆς διοικήσεως, ἢ τῷ Κωνσταντινουπόλεως θρόνῳ δικαζέσθω, καθά προείρηται. Εἰ δὲ καί τις ἐκ βασιλικῆς ἐξουσίας ἐκαινίσθη πόλις, ἢ αὖθις καινισθείη, τοῖς πολιτικοῖς καὶ δημοσίοις τύποις, καὶ τῶν ἐκκλησιαστικῶν παροικιῶν ἡ τάξις ἀκολουθείτω.”

[11]. Πηδάλιον, Op. Cit. Pag. 413: Εἴ τις ὑπὸ τοῦ ἰδίου ἐπισκόπου καθαιρεθεὶς πρεσβύτερος ἢ διάκονος, ἢ καὶ ἐπίσκοπος ὑπὸ συνόδου, ἐνοχλῆσαι τολμήσειε τὰς βασιλέως ἀκοάς, δέον ἐπὶ μείζονα επισκόπων σύνοδον τρέπεσθαι, καί, ἃ νομίζει δίκαια ἔχειν, προσαναφέρειν πλείοσιν ἐπισκόποις, καὶ τὴν παρ᾽ αὐτῶν ἐξέτασίν τε καὶ ἐπίκρισιν ἐκδέχεσθαι, ὁ δέ, τούτων ὀλιγωρήσας ἐνοχλείσειε τῷ βασιλεῖ· καὶ τοῦτον μηδεμιᾶς συγγνώμης ἀξιοῦσθαι, μηδὲ χώραν ἀπολογίας ἔχειν, μηδ᾽ ἐλπίδα μελλούσης ἀποκαταστάσεως προσδοκᾶν.

[12]. Μητροπολίτου Σάρδεων Μαξίμου, Τὸ Οἰκουμενικόν Πατριαρχεῖον ἐντῇ Ὀρθοδόξῳ Ἐκκλησίᾳ, Op. Cit., Pag. 147.

[13]. Πηδάλιον, Op. Cit. Kανών Γ, pag. 448: «Καὶ τοῦτο προστεθῆναι ἀναγκαῖον, ἵνα μηδεὶς ἐπισκόπων ἀπὸ τῆς ἑαυτοῦ ἐπαρχίας εἰς ἑτέραν ἐπαρχίαν, ἐν ᾗ τυγχάνουσιν ὄντες ἐπίσκοποι, διαβαίνοι, εἰ μή τοι παρὰ τῶν ἀδελφῶν τῶν ἑαυτοῦ κληθείη· διὰ τὸ μὴ δοκεῖν ἡμᾶς τὰς τῆς ἀγάπης ἀποκλείειν πύλας. Καὶ τοῦτο δὲ ὡσαύτως προνοητέον, ὥστε, ἐὰν ἔν τινι ἐπαρχίᾳ ἐπισκόπων τις ἄντικρυς ἀδελφοῦ ἑαυτοῦ καὶ συνεπισκόπου πρᾶγμα σχοίη, μηδένα ἕτερον ἐκ τούτων ἀπὸ ἑτέρας ἐπαρχίας ἐπισκόπους ἐπιγνώμονας ἐπικαλεῖσθαι. Εἰ δὲ ἆρά τις ἐπισκόπων ἔν τινι πράγματι δόξῃ κατακρίνεσθαι, καὶ ὑπολαμβάνει ἑαυτὸν μὴ σαθρὸν ἀλλὰ καλὸν ἔχειν τὸ πρᾶγμα, ἵνα καὶ αὖθις ἡ κρίσις ἀνανεωθῇ, εἰ δοκεῖ ὑμῶν τῇ ἀγάπῃ, Πέτρου τοῦ Ἀποστόλου τὴν μνήμην τιμήσωμεν, καὶ γραφῆναι παρὰ τούτων τῶν κρινάντων Ἰουλίῳ τῷ ἐπισκόπῳ Ῥώμης, ὥστε διὰ τῶν γειτνιώντων τῇ ἐπαρχίᾳ ἐπισκόπων, εἰ δέοι, ἀνανεωθῆναι τὸ δικαστήριον, καὶ ἐπιγνώμονας αὐτὸς παράσχοι. Εἰ δὲ μὴ συστῆναι δύναται τοιοῦτον αὐτοῦ εἶναι τὸ πρᾶγμα, ὡς παλινδικίας χρῄζειν, τὰ ἅπαξ κεκριμένα μὴ ἀναλύεσθαι, τὰ δὲ ὄντα, βέβαια τυγχάνειν». Κανὼν Δ’, pag. 449: «Ἐάν τις ἐπίσκοπος καθαιρεθῇ τῇ κρίσει τῶν ἐπισκόπων τῶν ἐν γειτνίᾳ τυγχανόντων, καὶ φάσκῃ πάλιν ἑαυτῷ ἀπολογίας πρᾶγμα ἐπιβάλλειν, μὴ πρότερον εἰς τὴν καθέδραν αὐτοῦ ἕτερον ὑποκαταστῆναι, ἐὰν μὴ τῆς Ῥώμης ἐπίσκοπος ἐπιγνούς, περὶ τούτου ὅρον ἐξενέγκῃ.» Κανὼν Ε pag. 449: «Ἤρεσεν, ἵν᾽ εἴ τις ἐπίσκοπος καταγγελθείη, καὶ συναθροισθέντες οἱ ἐπίσκοποι τῆς ἐνορίας τῆς αὐτῆς, τοῦ βαθμοῦ αὐτὸν ἀποκινήσωσι, καὶ ὅς περ ἐκκαλεσάμενος καταφύγῃ ἐπὶ τὸν μακαριώτατον τῆς Ῥωμαίων ἐκκλησίας ἐπίσκοπον, καὶ βουληθείη αὐτοῦ διακοῦσαι, δίκαιόν τε εἶναι νομίσῃ ἀνανεώσασθαι αὐτοῦ τὴν ἐξέτασιν τοῦ πράγματος, γράφειν τούτοις τοῖς ἐπισκόποις καταξιώσῃ τοῖς ἀγχιστεύουσι τῇ ἐπαρχίᾳ, ἵνα αὐτοὶ ἐπιμελῶς καὶ μετὰ ἀκριβείας ἕκαστα διερευνήσωσι, καὶ κατὰ τὴν τῆς ἀληθείας πίστιν, ψῆφον περὶ τοῦ πράγματος ἐξενέγκωσιν. Εἰ δέ τις ἀξιῶν καὶ πάλιν αὐτοῦ τὸ πρᾶγμα ἀκουσθῆναι, καὶ τῇ δεήσει τῇ ἑαυτοῦ τὸν Ῥωμαίων ἐπίσκοπον κρίνειν δόξῃ, ἀπὸ τοῦ ἰδίου πλευροῦ πρεσβυτέρους ἀποστεῖλοι, ἵνα ᾖ ἐν τῇ ἐξουσίᾳ αὐτοῦ τοῦ ἐπισκόπου, ὅπερ ἂν καλῶς ἔχειν δοκιμάσῃ καὶ ὁρίσῃ δεῖν, ἀποσταλῆναι τοὺς μετὰ τῶν ἐπισκόπων κρινοῦντας, ἔχοντάς τε τὴν αὐθεντίαν τούτου, παρ᾽ οὗ ἀπεστάλησαν· καὶ τοῦτο θετέον. Εἰ δὲ ἐξαρκεῖν νομίζοι πρὸς τὴν τοῦ πράγματος ἐπίγνωσιν καὶ ἀπόφασιν τοῦ ἐπισκόπου, ποιήσει ὅπερ ἂν τῇ ἐμφρονεστάτῃ αὐτοῦ βουλῇ καλῶς ἔχειν δόξῃ. Ἀπεκρίναντο οἱ ἐπίσκοποι· τὰ λεχθέντα ἤρεσεν.» (Los subrayados son nuestros).

[14]. Evidentemente se refiere al Canon 3 del II Concilio Ecuménico.

[15]. Πηδάλιον, Op. Cit., pag. 206: «Πανταχοῦ τοῖς τῶν ἁγίων Πατέρων ὅροις ἑπόμενοι, καὶ τὸν ἀρτίως ἀναγνωσθέντα κανόνα τῶν ἑκατὸν πεντήκοντα θεοφιλέστατων ἐπισκόπων, τῶν συναχθέντων ἐπὶ τοῦ τῆς εὐσεβοῦς μνήμης Μεγάλου Θεοδοσίου, τοῦ γενομένου βασιλέως ἐν τῇ βασιλίδι Κωνσταντινουπόλεως Νέᾳ Ῥώμῃ, γνωρίζοντες, τὰ αὐτὰ καὶ ἡμεῖς ὁρίζομέν τε καὶ ψηφιζόμεθα περὶ τῶν πρεσβείων τῆς ἁγιωτάτης ἐκκλησίας τῆς αὐτῆς Κωνσταντινουπόλεως Νέας Ῥώμης· καὶ γὰρ τῷ θρόνῳ τῆς πρεσβυτέρας Ῥώμης, διὰ τὸ βασιλεύειν τὴν πόλιν ἐκείνην, οἱ Πατέρες εἰκότως ἀποδεδώκασι τὰ πρεσβεῖα. Καὶ τῷ αὐτῷ σκοπῶ κινούμενοι οἱ ἑκατὸν πεντήκοντα θεοφιλέστατοι ἐπίσκοποι, τὰ ἴσα πρεσβεῖα ἀπένειμαν τῷ τῆς Νέας Ῥώμης ἁγιωτάτῳ θρόνῳ, εὐλόγως κρίναντες, τὴν βασιλείᾳ καὶ συγκλήτῳ τιμηθεῖσαν πόλιν, καὶ τῶν ἴσων ἀπολαύουσαν πρεσβείων τῇ πρεσβυτέρᾳ βασιλίδι Ῥώμῃ, καὶ ἐν τοῖς ἐκκλησιαστικοῖς ὡς ἐκείνην μεγαλύνεσθαι πράγμασι, δευτέραν μετ᾿ ἐκείνην ὑπάρχουσαν. Καὶ ὥστε τοὺς τῆς Ποντικῆς, καὶ τῆς Ἀσιανῆς, καὶ τῆς Θρακικῆς διοικήσεως μητροπολίτας μόνους, ἔτι δὲ καὶ τοὺς ἐν τοῖς βαρβαρικοῖς ἐπισκόπους τῶν προειρημένων διοικήσεων χειροτονεῖσθαι ὑπὸ τοῦ προειρημένου ἁγιωτάτου θρόνου τῆς κατὰ Κωνσταντινούπολιν ἁγιωτάτης ἐκκλησίας· δηλαδή ἑκάστου μητροπολίτου τῶν προειρημένων διοικήσεων μετὰ τῶν τῆς ἐπαρχίας ἐπισκόπων χειροτονοῦντος τοὺς τῆς ἐπαρχίας ἐπισκόπους, καθὼς τοῖς θείοις κανόσι διηγόρευται· χειροτονεῖσθαι δέ, καθὼς εἴρηται, τοὺς μητροπολίτας τῶν προειρημένων διοικήσεων παρὰ τοῦ Κωνσταντινουπόλεως ἀρχιεπισκόπου, ψηφισμάτων συμφώνων κατὰ τὸ ἔθος γινομένων, καὶ ἐπ᾿ αὐτὸν ἀναφερομένων.»

[16]. En contraste con la práctica vigente en aquel momento en Roma y Alejandría de consagrar a todos los obispos provinciales dentro de su propia jurisdicción, lo cual no era la práctica de la iglesia de Constantinopla según el Canon 28.

[17]. Como resultado de un largo cisma en Egipto, que vio el ascenso de un obispo monofisita al trono de Alejandría, el clero ortodoxo, junto con su obispo buscaron la intervención del emperador. El asunto fue remitido al obispo de Constantinopla Anatolio y su sínodo, que condenó al usurpador, por tanto, ostentando autoridad judicial sobre el trono de Alejandría. La sede de Constantinopla siguió ejerciendo autoridad sobre los asuntos de la Iglesia de Alejandría, en la persona del obispo sucesor de Anatolio. Durante su permanencia en el cargo, logró que el anterior obispo monofisita fuera exiliado de nuevo y un obispo ortodoxo fuese elegido. Al mismo tiempo, el problema monofisita en la sede de Antioquía impulsó a su obispo para buscar el apoyo del obispo Gennadios de Constantinopla. Como resultado, el antiguo adversario monofisita fue finalmente exiliado y sustituido por otro obispo ortodoxo.

[18]. Hay otros casos en que la sede de Constantinopla intervino en los asuntos de otras iglesias basada en sus prerrogativas Se puede mencionar aquí una sentencia de deposición decidida por el arzobispo Juan de Chipre y su sínodo que fuera anulada por el patriarca de Constantinopla Lucas Chrysoberges a finales del siglo XII. Del mismo modo, dos siglos después, se produjo la negativa del Patriarca Ecuménico Kallistos, de reconocer las reclamaciones del Arzobispo de Tirnovo y toda Bulgaria a los privilegios patriarcales actuales.

[19]. En 1660, el Patriarca Ecuménico y su sínodo eligen un patriarca para la sede de Alejandría, una acción que habría de repetirse para esta sede en muchas ocasiones hasta 1870. Asimismo, en 1665, el sínodo patriarcal de Constantinopla depone al Patriarca Paisios de Alejandría.

[20]. Skurat, K.E., «The Constantinople Patriarchate and the Problem of the Diaspora«, Journal of the Moscow Patriarchate 9 (1989), 50-53.

[21]. 1- El cisma de la Iglesia de Bulgaria del 1871-72. 2- La “cuestión antioqueña” de la problemática elección del Metropolita de Laodicea Meletios Doumani al trono patriarcal sucediendo al Patriarca Spiridón que renunciara bajo presiones rusas. 3- La crisis de la Iglesia de Chipre del año 1900 que la llevara a quedar acéfala durante el año 1901. 4- La tensa situación en el Patriarcado de Jerusalén debido a las misiones rusas y la extensión de la “cuestión antioqueña” en los límites de su jurisdicción. 5- El enrarecido clima que producirían las políticas eclesiásticas de las Iglesias locales de los Balcanes. 6- Los continuos avances de los misioneros latinos dentro de los límites canónicos de las Iglesias Ortodoxas.

[22]. El tema del cambio de calendario con su respectiva contienda. El Congreso también discutió el nuevo matrimonio del clero viudo, las edades adecuadas para la ordenación de clérigos, nuevas pautas de ayuno, la posición sobre la «diáspora» en América del Norte, y los eventos que se desarrollaron en la Iglesia ortodoxa rusa a la luz de las secuelas de la revolución bolchevique.

[23]. En el Patriarcado de Focio II.

[24]. Participando en la I Asamblea General de Ámsterdam en Agosto de 1948.

[25]. Catálogo jerárquico de arquidiócesis, metrópolis y diócesis del Patriarcado Ecuménico.

[26]. De hecho, esta realidad que surge de una indudable eclesiología ortodoxa se contrapone de plano, en la teoría y en la práctica, a una simple “plenitudo potestatis ecclesiae”, y tampoco pretende al Patriarca Ecuménico “episcopus ecclesiae universalis”.

[27]. Como en el caso de la Iglesia de Moscú y todas las Rusias, que obtuvo su status patriarcal de la Madre Iglesia de Constantinopla en el año 1589. Por lo cual es evidente que el Papa de Roma y el de Moscú nunca se podrían haber reunido como tales antes de este año, y menos, como en muchas publicaciones figura, antes o desde el 1054 (fecha que los históricos colocan como referencia a la separación de las Iglesias de Oriente y Occidente) ya que entonces ni siquiera existía el Patriarcado de Moscú como tal, ya que era una porción más de la jurisdicción del Patriarcado de Constantinopla!

[28]. Situación que los detractores del Patriarcado Ecuménico exaltan peyorativamente, contraponiendo otros criterios basados en el poderío político-secular, en la riqueza económica y en la cantidad de fieles como supuestos presupuestos para ejercer cierta primacía, tergiversando y degenerando de esta manera la vernácula Tradición de la Iglesia Ortodoxa.

[29]. Clement, O.,  ἀλήθεια ἐλευθερώσει ἡμᾶς. Συνομιλώντας μὲ τὸν Οἰκουμενικό Πατριάρχη Βαρθολομαῖο Α΄, Ἐκδόσεις Ἀκρίτας, Ἀθήνα 1997, pag. 53.

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